viernes, 10 de julio de 2015

Vestidos Austen

Los libros de Jane Austen, llenos de interesantes personajes femeninos, tienen lugar, históricamente, en lo que se conoce como época de la Regencia, o también, época Georgiana. Fue un momento en el que la moda venía dictada de Francia, pero los avatares bélicos entre este país y el Reino Unido propiciaron que las relaciones comerciales se cortaran y también las influencias. Por eso, mientras Francia continuaba su avance y sus cambios en el estilo de vestir, el Reino Unido permanecía anclado en la moda Imperio. 

Para entendernos y sin erudiciones la moda Imperio se caracteriza, en los vestidos femeninos, por tener el talle alto o la cintura alta, que también se usa esta expresión. Cuando yo tenía dieciséis o diecisiete años (en otra glaciación, me parece) se llevaban vestidos Imperio, con unas tirantitas muy finitas y unas telas suaves que daba gusto ponerse en verano. Fue una moda efímera pero muy agradable. Recuerdo dos de ellos, a ver. Uno era negro, con motitas blancas. Te obligaban, eso sí, a usar sujetadores sin tirantes, no siempre cómodos, sobre todo si tienes una talla 95 (y sin operación quirúrgica, que quede claro). El otro era de más vestir. Tenía un estampado azul celeste muy discreto y llevaba un cuerpo ceñido, todo formado por cintas de raso verticales cosidas sobre la tela. Las cintas de raso eran celestes pálidas y ocupaban también el espacio del tirante, finísimo, ya os digo. Recuerdo perfectamente estos dos vestidos y la sensación de libertad que proporcionaban al usarlos ya que, como podréis suponer, el problema del sujetador se solucionaba llevándolos sin sujetador. Os puedo asegurar que, en esos años, el vestido quedaba así perfecto y todo encajaba en su sitio. 

Además del talle Imperio, los vestidos austenianos tenían una manga muy corta, llamada de farol. También las he usado. Forman una especie de globito, porque se sujetan en los brazos y llevan un poco de frunce. Son muy alegres y dan un aire muy especial a los vestidos. Una de las cuestiones más especiales eran las telas. La muselina era entonces la reina de los tejidos. Y debía ser muy barata. Es una tela fina, por lo que debían usarse varias capas para que la ropa no se transparentara. Hasta cinco capas podían llevarse. Eso, por supuesto, no estilizaba la figura para nada. Imaginaros cinco capas con la cintura alta, podría una parecer mucho más gorda que en la realidad. Pero, claro, no era cuestión de ir insinuando piernas. Esto lo hacemos ahora con muchísima naturalidad, nos ponemos un vestido casi transparente sin problemas, todo lo más le añadimos un forro o un viso y se ha terminado. 

El escote de los vestidos era cosa de llamar la atención. Ese era el reclamo de las mujeres de entonces. No las piernas, que no se veían. El pecho, que se elevaba con una especie de bustier corto, nada de corsés, y que asomaba por el vestido con gran generosidad. Si una quería ser recatada en un momento dado, se echaba por encima un velito de encaje, una manteleta o una capita corta, pero el escote permanecía ahí y no digo nada en los bailes. Por cierto, en estos el color del vestido siempre era blanco o todo lo más, en un tono pastel muy, muy clarito. Nadie, ni las señoras mayores, vestían de oscuro en un baile. Si lo veis en las películas, pensad que nos engañan. La razón era práctica y evidente. Se alumbraban con velas, porque no había luz eléctrica, por lo que, si ibas de oscuro, directamente nadie te veía. Y ninguna mujer acude a un baile para no ser vista. 

Ni que decir tiene que se trataba de vestidos largos y rectos a partir de la cintura. El pie se entreveía al final, tanto el botín con cordones, para andar, como el sencillo zapato de tela para estar en casa o el de seda o material más noble, para los bailes y recepciones. 

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