martes, 16 de febrero de 2016

El pretendiente de Jane (Austen)


En diciembre de 1795, cuando Jane Austen tenía 20 años recién cumplidos, asistió a un baile en Manydown House, la casa de la familia Bigg. Allí, en ese baile, estaba Tom Lefroy, un guapísimo irlandés, rubio, inteligente y encantador. Se había licenciado en Dublín y estaba a punto de comenzar los estudios para optar a los exámenes del Colegio de Abogados de Londres. Esos días estaba disfrutando de las vacaciones de Navidad con unos parientes en la rectoría de Ashe. Ese baile fue relatado concienzudamente por Jane a su hermana Cassandra, que estaba fuera por entonces. Un acontecimiento social de ese tipo era el momento y el lugar más ansiado por las chicas de entonces y las hermanas Austen no eran diferentes en eso. De hecho, a Jane siempre le gustó bailar y esa misma afición la refleja en las heroínas de sus novelas. Todas ellas son bailarinas aceptables e, incluso alguna, como Emma Woodhouse, tiene un estilo depurado y elegante cuando baila. 

Jane baila tres veces con Tom Lefroy durante esa velada. Tres veces con el mismo chico indica que ambos se gustan y que están contentos juntos. Las conversaciones no eran tan livianas como parecer pueda, sino que aprovechaban de ordinario los bailarines estos momentos para conocerse mejor. Y así debieron hacerlo ellos, a juzgar por lo que Jane relata en su carta. La forma en que Austen cuenta lo sucedido está llena de salpicados de humor, pero es que ella era así, alegre, risueña y llena de sentido irónico y de inevitables comparaciones llenas de picardía. Pero algo se trasluce en su carta porque Cassandra, desde ese momento, tendrá el ojo puesto en la "relación" de su hermana con Lefroy, quien, al día siguiente del baile y como era usual entre jóvenes caballeros, la visita en su residencia navideña. Era cosa de buena educación. Un detalle de buenos modales. 

Parece haber constancia clara, por los testimonios que se han podido recabar, de que los dos jóvenes se enamoraron. Sin embargo, había diferencias insalvables, temas sociales y familiares que no podían ser dejados de lado y no hubo caso, no hubo compromiso, lo que supuso un golpe para Jane porque Tom y ella tenían una especial complicidad y una forma muy similar de entender la vida. Ambos hacían aquello que a ella le podía transmitir más placer: hablar de libros, en concreto, en esos días, de "Tom Jones" la obra de Fieldin que a ambos les parecía provocadora e interesante. 

Esta es la única carta que se conserva de Austen (la mayoría fueron quemadas por su hermana a su muerte) en la que habla de sí misma, en la que ella se convierte en protagonista de deseos y sentimientos. Todos iban dirigidos a Tom Lefroy. Ella era la heroína de su propia historia, la que estaba predestinada a casarse entre tules y sedas. Pero, como sabemos, el destino se torció y no fue el matrimonio sino el arte aquello que le estaba destinado. Su ingenio, su talento, su alegría, no se expresó en una relación sentimental sino que se volcó en la escritura de libros. En ese momento ya existía el primer manuscrito de "Elinor and Marianne", el título primero de lo que luego sería "Sense and Sensibility". 

Sin embargo, no dejo de pensar si ella, en ese año de 1876, no hubiera cambiado la postrera fama por convertirse en la esposa de Lefroy y vivir en la desconocida Irlanda, al cuidado de numerosos hijos y de ese caballero rubio y elegante. 

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