miércoles, 23 de marzo de 2016

Los hombres leen ensayo y las mujeres novela


Dado que estamos en la época de las etiquetas, vamos a colocar una más, nada original, desde luego, más bien un mantra de esos que se repiten, se repiten, se repiten...Aquí está: los hombres leen ensayo y las mujeres novela. 

A decir de los defensores de esta genial frase eso indicaría varias cosas: el apego de los hombres a la realidad y el romanticismo inherente a la condición femenina, por un lado. La escasa imaginación de los varones y la atrayente fuerza creativa de ellas, por otro. Y, sin que queramos sentar cátedra, la búsqueda de respuestas concretas de ellos y el carácter vericuético de las féminas. 

De un plumazo, algunos rasgos de carácter, organizados por sexos, aparecen en esta definición altamente provocativa y llena de lagunas. Los hombres, realistas, sencillos y apegados a la existencia cotidiana. Las mujeres, imaginativas, soñadoras y complejas. En este punto ya hay quien se ha levantado de la silla en la que, cómodamente, leía esta entrada del blog, y ha exclamado: ya estamos con las generalizaciones. Pues sí. Ma non trompo.

En mi libro de cabecera "Orgullo y Prejuicio" de Jane Austen, hay una escena muy ilustrativa de esta diferente actitud del hombre y la mujer con respecto a los libros. Claro que ese libro se escribió en la época georgiana y se publicó en los primeros años del siglo XIX, bastantes años después de escribirse. En la escena a que me refiero, que tiene lugar en Netherfield, la finca que alquila por un tiempo el voluble Bingley, están Darcy, Elizabeth y las hermanas Bingley intentando pasar el tiempo. Darcy lee un voluminoso libro, que, por las trazas, parece ser un libro de historia o de economía. Por su parte, Elizabeth lee un libro mucho más frecuente en las lecturas de las mujeres de la época, una novela romántica. No se detallan los contenidos de las lecturas (en el libro únicamente se alude a los sermones de Fordice y ello para intentar que el señor Collins deje en paz a Elizabeth en su paseo con Whickam), pero las actitudes de ambos delatan la clase de libro que leen. Precisamente, Caroline Bingley, en su continuo andar detrás de Darcy, coge el segundo volumen del que este lee, dejándolo al poco tiempo porque, según parece, no entiende nada ni es una lectura que pueda interesarle.

En estos momentos dudo de la veracidad del título de esta entrada. No tengo datos suficientes como para afirmarlo. Pero sí hay algo que emana de esa frase. La consideración de que es más "elevado" o más "intelectual" o más "complicado", leer ensayo que leer novela. Esto es, que la novela es y ha sido el género menos considerado de entre todos los literarios y que, por eso quizá, se considera más fácil para la lectura femenina. Como estos pensamientos subsisten en determinadas mentes, quizá no esté de más volver a reflexionar sobre ellos. En todo caso se realiza una división de la novela en subgéneros y entonces dejamos para las mujeres la novela sentimental, romántica, emocional, de amores, y para el hombre la novela negra, por ejemplo. Todo, un craso error. Los lectores leen de todo, pienso. Las lectoras, también, certifico.

No sé, por lo tanto, de donde salen estas aseveraciones maximalistas que siguen incidiendo en aspectos tangenciales de las personalidades humanas. Lo que sí es cierto es que si un hombre lee a Jane Austen es un hombre al que merece la pena conocer a fondo.

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