domingo, 19 de junio de 2016

Gema va de boda


Aunque veáis en la foto a Julia Roberts contestando la llamada de su amigo gay, el maravilloso Rupert Everett, con ese vestido de dama de honor color lavanda que le queda muy, muy bien...no voy a hablaros de cine, ni de Julia, ni siquiera de Cameron Díaz o Dermot Mulroney....No. La protagonista de este post es Gema. 

Gema no se casa. Todavía. Gema va de boda. No la boda de su mejor amigo. Ni la de su mejor amiga sino la de su mejor hermano. Su único hermano. Su hermano. Pero como Gema es protagonista de casi todo en la vida, pues también tiene mil y una razones para que esta boda le traiga entretenimiento, emoción y éxito. 

Gema es que es así. Se lanza a su objetivo y dedica a ello tiempo, esfuerzo y talento. Un talento muy especial compuesto de risas, ingenio, generosidad y un poquito de mal genio. O un mucho, según se mire. Si ella se levanta con el pie izquierdo...malo. Quítate de su órbita de influencia. Pero los días que está de buen humor....ay, miel sobre hojuelas. 

La boda está en su recta final. Así que Gema se acelera. Tiene muchas cosas que hacer. Su vestido está casi listo pero hasta el último momento no estará convencida del resultado. Se empeña en decir que le sobran kilos y estos días pasará hambre. Se empeña en querer estar más morena y la veremos en la piscina, sudando la gota gorda y con Beltrán aullando a su alrededor. Beltrán o Florencia, qué más da. Un coñazo de perro. 

Otros pequeños detalles también están bajo su tutela. Los pendientes, especiales. Los zapatos, a medida. El maquillaje, ay. La peluquería, nada de moños retocados llenos de rizos inútiles. Todas las horas de todos los días están llenos de conversaciones súper privadas sobre la boda. Y así las horas pasan deprisa y cogerá a Gema en un tris de perder la cabeza por algún detalle insignificante. 

No es la boda de Gema. A ella no le ha llegado todavía su príncipe azul. Pero dudo que un príncipe tenga suficiente paciencia y agallas para ¿soportarla? Mejor, un hombre de verdad. Mejor, alguien que, con solo mirarla, entienda que Gema es diferente. Única. Distinta. Por eso la queremos. 

jueves, 16 de junio de 2016

Diálogo con Lucia


Estoy fascinada con ella. Esa belleza única, esos enormes ojos verdes, señalados con el rabillo azul oscuro, ese gesto elegante de coger el cigarrillo, es mirada oblicua, esa forma de mover el cuello, esa piel casi translúcida, ese gesto displicente, ese cabello armoniosamente despeinado, esa curva de unas cejas perfectas, ese rictus risueño de la boca, esa nariz anclada en la forma adecuada, esos pendientes de cristal transparente, esa rebeca azul celeste casi gris....estoy fascinada con ella. 

Nadie diría al verla que fue una niña sufriente, martirizada por un corsé que se le clavaba en la espalda y que tenía la intención de corregir una espalda deformada. Nadie diría que su alcoholismo la llevaba por penumbras inapropiadas. Nadie diría que los hombres no la quisieron realmente como era sino solo en su apariencia. Nadie diría que se vio en la calle, criando sola a cuatro hijos. Nadie diría que su vida corría siempre al límite, sin dique de contención, sin sosiego. 

Mejor nos parece una estrella de cine, una rica heredera, una mujer satisfecha, una persona que ama la vida, una degustadora de emociones, una aprendiz de gestos, una soñadora que busca el amor verdadero, una muchacha envuelta en llamas, un amor correspondido, una especialísima manera de mantener la dicha en el fondo de todo, una diletante sin compromiso, una mujer llamada a convertirse en el centro. 

Ella es Lucia Berlin. Lucia Brown Berlin, que nació y murió el mismo día y el mismo mes, el 12 de noviembre, de los años 1936 y 2004. Su ciudad de origen fue Juneau, en Alaska, pues su padre era ingeniero de minas y acabó muriendo en Marina del Rey, en California. Ha sido una escritora olvidada. Sus 77 cuentos solo se vieron reconocidos parcialmente en 1991 cuando obtuvo el American Book Awards, pero no ha sido hasta el pasado 2015 cuando, tras la publicación de una recopilación de ellos en el libro "Manual para las mujeres de la limpieza" ha empezado a levantar inquietudes y a tener adeptos entre los lectores. 

Una mujer maldita, atormentada, enferma, alcohólica, variable, extrema. Pero, sobre todo, una observadora original, una escritora dueña de un estilo propio, una representante máxima de la autoficción, esa cosa de tomar tu vida, darle vueltas, colocarla en un papel y convertirse en relato, en historia que merece la pena leer. Difícil de explicar cómo es este libro. Por eso hay que leerlo. 

miércoles, 8 de junio de 2016

Cosas de mujeres


(Olivia Wilde)
Hay una lucha por la igualdad que está basada en medidas cosméticas, en lenguajes duplicados y en actitudes de cara a la galería. Hay otra que es más difícil de apreciar, porque se centra en esfuerzos individuales o de pequeños colectivos y consiste en no renunciar a nada por ser una mujer. Y hay una tercera, la más efectiva, que parte de un cambio estructural y legal y que se acompaña de una nueva mentalidad.
Se llama “cambiar el chip”. Ver las cosas desde otra óptica, nada mediática ni novelera, sino seria, rigurosa, continuada y sensata. Discutir el derecho a la igualdad entre hombres y mujeres a estas alturas de la civilización occidental (en el resto de civilizaciones el panorama pinta peor) es cosa innecesaria, baladí, fuera de tema.
Todos estamos de acuerdo en que no pueden existir diferencias en razón del sexo o el género, como llamarse quiera. Otra cosa distinta es sustanciar esto en la vida real, permitir que la existencia cotidiana haga posible que se haga efectiva.
Si una imagen vale más que mil palabras, cualquiera que plasme gráficamente los niveles más altos de dirección de cualquier importante empresa o institución nos ofrecerá la masculinización del poder en la forma más evidente posible. Esa foto es masculina. Incluso en profesiones tan “femeninas” como la docencia, el número de mujeres que ocupaban cargos de responsabilidad es manifiestamente menor de la que el peso de lo femenino tiene entre sus miembros.
En la vida política, aunque se han dado pasos, todavía estamos esperando a que haya una candidata al gobierno de España. Y, desde luego, no es figura usual en el resto de países. Vigdis Finnobogadottir, la finlandesa que se convirtió, al ser presidenta de Islandia, en la primera mujer elegida democráticamente para ese cargo, abrió un camino poco transitado.
Hablando de Islandia se ha establecido una interesante correlación entre el nivel de empleo femenino más alto del mundo (por encima del 80 %), o el número de cargos directivos femeninos (en torno al 40%) y la política de conciliación familiar que, desde 1974 y tras la huelga de mujeres finlandesas empezó a desarrollarse en este país.
Al fin, todo es cuestión de igualdad de oportunidades y de concienciación social. Pero es la vida cotidiana, la vida diaria, el ámbito en el que este tema alcanza aspectos que llaman la atención.
La primera cuestión a considerar es que las chicas de ahora son menos igualitarias que sus madres o sus abuelas. Se observa (y esto es constatable fácilmente por las personas que trabajan con estudiantes) una regresión en el papel de la mujer a la hora de situarse en pie de igualdad con el hombre, sobre todo en el aspecto que más lastra la ambición femenina: el emocional.
Es la carencia de una educación sentimental que excluya la dependencia con respecto al hombre la que sigue convirtiendo la vida de las chicas en una permanente contradicción. Se usa lenguaje coeducativo, obligatorio por ejemplo en la educación andaluza; se celebran efemérides; se incluyen en el currículum materias orientadas a fomentar la igualdad y temáticas transversales con el mismo objetivo, pero las muchachas, en una gran  proporción, continúan preguntándole a sus novios qué largo de falda se ponen y cualquier fracaso sentimental las destroza y las deja en la cuneta de sus aspiraciones.
Las emociones son el campo en el que la mujer pierde toda oportunidad de lucha, sobre todo porque subsisten clichés anticuados que hablan de “mujeres solas” cuando no tienen un hombre al lado, o que se refieren a la “ambición” de la mujer cuando en los hombres se habla de “emprendimiento”.
Las renuncias que las mujeres han de hacer, en su vida personal, para lograr que su vida profesional esté al nivel de sus objetivos y de su cualificación, son muchas y no han descendido en los últimos años. Más bien se mantienen sin que ese “techo de cristal” del que hablaban las feministas de mediados del siglo XX haya desaparecido. Tampoco los medios de comunicación, los mensajes publicitarios, ayudan a fomentar imágenes femeninas que no pasen por la belleza, el glamour o la lucha contra el envejecimiento.
En todas las profesiones, además, la mujer sufre el estrés añadido de tener que mantener un nivel físico que sobrepasa lo que la propia naturaleza decide con el paso del tiempo. Es decir, no es fácil ser mujer incluso hoy.