jueves, 16 de junio de 2016

Diálogo con Lucia


Estoy fascinada con ella. Esa belleza única, esos enormes ojos verdes, señalados con el rabillo azul oscuro, ese gesto elegante de coger el cigarrillo, es mirada oblicua, esa forma de mover el cuello, esa piel casi translúcida, ese gesto displicente, ese cabello armoniosamente despeinado, esa curva de unas cejas perfectas, ese rictus risueño de la boca, esa nariz anclada en la forma adecuada, esos pendientes de cristal transparente, esa rebeca azul celeste casi gris....estoy fascinada con ella. 

Nadie diría al verla que fue una niña sufriente, martirizada por un corsé que se le clavaba en la espalda y que tenía la intención de corregir una espalda deformada. Nadie diría que su alcoholismo la llevaba por penumbras inapropiadas. Nadie diría que los hombres no la quisieron realmente como era sino solo en su apariencia. Nadie diría que se vio en la calle, criando sola a cuatro hijos. Nadie diría que su vida corría siempre al límite, sin dique de contención, sin sosiego. 

Mejor nos parece una estrella de cine, una rica heredera, una mujer satisfecha, una persona que ama la vida, una degustadora de emociones, una aprendiz de gestos, una soñadora que busca el amor verdadero, una muchacha envuelta en llamas, un amor correspondido, una especialísima manera de mantener la dicha en el fondo de todo, una diletante sin compromiso, una mujer llamada a convertirse en el centro. 

Ella es Lucia Berlin. Lucia Brown Berlin, que nació y murió el mismo día y el mismo mes, el 12 de noviembre, de los años 1936 y 2004. Su ciudad de origen fue Juneau, en Alaska, pues su padre era ingeniero de minas y acabó muriendo en Marina del Rey, en California. Ha sido una escritora olvidada. Sus 77 cuentos solo se vieron reconocidos parcialmente en 1991 cuando obtuvo el American Book Awards, pero no ha sido hasta el pasado 2015 cuando, tras la publicación de una recopilación de ellos en el libro "Manual para las mujeres de la limpieza" ha empezado a levantar inquietudes y a tener adeptos entre los lectores. 

Una mujer maldita, atormentada, enferma, alcohólica, variable, extrema. Pero, sobre todo, una observadora original, una escritora dueña de un estilo propio, una representante máxima de la autoficción, esa cosa de tomar tu vida, darle vueltas, colocarla en un papel y convertirse en relato, en historia que merece la pena leer. Difícil de explicar cómo es este libro. Por eso hay que leerlo. 

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