sábado, 29 de octubre de 2016

Almudena, que juega al golf

Una vez me compré unos pantalones en un mercadillo. El señor que los vendía me hizo probármelos en su furgoneta. Era muy divertido aunque la cosa no era demasiado cómoda. Creo que alguien, una amiga de entonces quizá, se quedó al pie de la puerta por si a alguien le daba por entrar a probarse algo o a sabe Dios qué. Pero todo transcurrió sin incidentes y todavía anda por ahí el pantalón. 

Comprar low cost es algo que nos llena de satisfacción. Tener una prenda que nos guste por unos pocos euros hace que las amantes de la moda y de las tiendas nos sintamos libres, por una vez, del complejo de culpa que supone gastarse un pastón en algo que no era preciso tener. Así, Almudena, ya sabéis, que juega al golf, ha encontrado esta favorecedora chaqueta estilo chanel, en uno de esos mercadillos que tienen furgonetas como probadores. 

La furgoneta es la versión más cool de las compras proletarias y probarse en una de ellas debería ser experiencia obligada de todas las compradoras avezadas. Como Almudena juega al golf, ya lo he dicho, que es un deporte que imprime carácter, no tiene ningún reparo en utilizar estos sistemas que en nada recuerdan a un paseo mañanero por la Milla de Oro en compañía de un tipo adinerado que suelte la guita mientras las damas nos deleitamos con Zadig & Voltaire, por ejemplo. Si eres una jugadora de golf y vas la quinta en la clasificación de un torneo social, y estás a puntito de ganarte un televisor, anda que te va a preocupar mucho que el probador tenga ruedas, que la chaqueta esté cosida en Taiwan o que la etiqueta te avise de que puede deshilacharse a poco que la laves en frío. 

Almudena tiene una sonrisa a prueba de esquiroles, así que muestra su chaqueta con donosura y se ríe marca de la casa, ignorando los comentarios sarcásticos de las amigas que, envidiosas ellas, se obstinan en criticar su chaqueta nueva con esa forma tan especial que tienen las mujeres de echar por tierra cualquier sueño ajeno. Ella podría ser un personaje de alguna de las autoras que amo. De Edna O´Brien y sus chicas de campo; de Ellen Glasgow con su vida resguardada; de Lucia Berlin y su mirada especial sobre las cosas; de Welty o de Taylor, quién sabe si de la propia Jane, trasladada al siglo XIX.

Inasequible al desaliento, a este y a todos los que en el mundo son, Almudena se coloca su chaqueta de furgoneta del mercadillo de tres al cuarto de sabe Dios qué rincón del mundo plagado de sol y sal de la bahía y anda tan orgullosa y satisfecha que dan ganas de preguntarle no dónde la ha comprado, sino de dónde nace el secreto de su arrebatadora sonrisa. 

Fotografía: Almudena Rubio, en exclusiva para "El roperito de Cathy"

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