domingo, 11 de junio de 2017

Se llama bondad

Existe la neurociencia afectiva. Hay investigadores que estudian el papel de los buenos sentimientos en el desarrollo neurológico, en la vida de las personas y en las relaciones humanas. El cerebro puede conseguir enormes retos si se entrena. Y también en el campo de las emociones es posible que se produzcan cambios para mejor. La maldad es terrible para el que la recibe y devasta al que la sufre. En cambio, hay emociones, como la bondad, la ternura, la amabilidad, la compasión, que enaltecen a los hombres y que provocan reacciones positivas y llenas de energía en sus cerebros. 


Si quieres sentirte mejor, sé bondadoso. Eso no significa, ya lo sabes, ser un cobarde, pacato, absurdo, buenista, o simple. No. La bondad implica conocimiento e implica acción. Es un sentimiento activo y positivo, no es pasivo ni inconsciente. Y luego está la compasión. Ahora se habla mucho de empatía, pero la compasión es un grado superior porque la empatía consiste en ponerse en lugar del otro, y la compasión da un paso más: quiere mejorar ese problema que el otro ha puesto delante de ti. Ser compasivo no tiene nada que ver con la caridad. No es un sentimiento relacionado con la religión o las creencias, sino con el carácter más humano de los seres, el que lo asemeja más a la verdadera esencia de la naturaleza, que no es depredadora sino que exalta la vida. 

La amabilidad y la ternura son dos caras de la misma moneda. Son dos formas de dirigirse al otro sin pantallas y sin engaños. La verdadera ternura es la antesala del mejor sentimiento, se ofrece sin ocultaciones y sin disimulos, evita la mentira y llena de bienestar al que la ofrece y al que la recibe. Ser tierno no es debilidad, no es pobreza de espíritu ni es dejación de ideas y principios. Al contrario, la ternura implica fortaleza, juicio certero y capacidad de decidir sin presiones. No tengo que ponerte mala cara, basta con ser capaz de decir lo que pienso y de alejarme de ti si me haces daño. 

No pienses que esto es coaching ni nada parecido. Ni autoayuda. Nada de eso. Va más de volver a un sentimiento más cercano a la felicidad que hemos olvidado. Va más de limpiarse por dentro y de ofrecer una clara imagen a los otros, un espejo de la realidad que queremos ser. Por eso podemos entrenarnos en amabilidad, en vivir con bondad y en ser tiernos. Pero, por eso también, hemos de ser precavidos y luchar contra aquello que nos hace daño. 

Hay quien te convierte en el peor retrato de ti mismo, hay quien te hace mirar al espejo para descubrir lo que no eres, hay quien, en lugar de animarte a crecer, se empeña en destruirte, hay quien dice quererte pero te convierte en una caricatura. No dejes que eso ocurra. Busca la libertad de ser como eres, huye de todo lo que no te deje ser genuinamente libre de pensamiento y limpio de corazón. Si no eres tú, entonces huye. Eso es defensa propia. 



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