lunes, 30 de abril de 2018

"Harris and Harris"

  "Flores para la señora Harris" es un precioso libro de Paul Gallico, que publicó la editorial Alba, en su colección Rara Avis y cuya reseña anda por aquí.

 La señora Harris trabaja en el servicio de limpieza en Londres. Es una de las miles de mujeres que ponen en funcionamiento diario las casas de Inglaterra y cuyo celo y entrega hacen posible la vida cotidiana. Las señoras de la limpieza son una institución en este país. Y mucho más lo eran en los años cincuenta del siglo pasado, época en la que se ambienta esta novela.

  Harris es viuda y su trabajo en las casas de gente adinerada le sirve para subsistir y para estar ocupada. Un día, arreglando unos armarios en la casa de una mujer muy rica, atisba unos vestidos de Dior que están allí colgados. Se queda tan deslumbrada que arde en deseos de tener uno de esos trajes.

   Así que ahorra y ahorra, hasta que consigue ir a París y allí le suceden cosas maravillosas. El poder de la ilusión es infinito. Es capaz de elevar a las personas sobre sí mismas y de lograr metas impensables.

   Pues bien, vuelve la señora Harris y esta vez se va a Nueva York. Como siempre, se trata de hacer algo bueno para alguien, de ayudar y de luchar contra las cosas que están mal hechas. Hay un niño al que echar una mano y la señora Harris no dudará en hacerlo.

   Las aventuras de la señora Harris tuvieron mucho éxito cuando se publicaron y por eso el autor hizo tres entregas más, una de las cuales es esta excursión a Nueva York. "La señora Harris en Nueva York" saldrá próximamente en Rara Avis, una de las colecciones más bonitas, delicadas e interesantes del mundo editorial español. Sus títulos están bien escogidos, sus autores son variados y llenos de un aire especial que me encanta. E, incluso, tienen un diseño delicioso, que da gusto manosear.

     Cuando el libro salga haré cumplida reseña del mismo en mi blog Una isla de papel, pero, de momento, quede aquí constancia de esta curiosa espera, de este hormigueo tan simpático que se siente cuando se tiene ganas ya de leer un libro y todavía no se ha asomado a las librerías. Porque, como he comentado otras veces, los libros que reseño me los pago yo, me los compro yo, los elijo yo y nadie me impone ni lo que tengo que decir ni los libros que tengo que reseñar. Ventajas de ser una anónima bloguera, sin mayor relevancia y con la mayor libertad de expresión.

   (Las fotos de esta entrada son del grandísimo fotógrafo Serge Balkin, marido de la no menos grande Nina Leen. Ambos me tienen cautivada con sus fotografías tan llenas de vida, tan especiales y plagadas de imaginación).

miércoles, 25 de abril de 2018

Misóginos, narcisos y cardos borriqueros


(Foto: Loomis Dean)

He aquí unas cuántas frases prototípicas que te pueden servir, querida amiga, para descubrir si ese señor al que tú, en tu inocencia, consideras maravilloso, es, al fin y al cabo, un misógino de tomo y lomo, bastante enmascarado. 

Frase 1: "Lees demasiado" 

Frase 2: "Las otras no me crean tantos problemas como tú"

Frase 3: "¿Es que tienes la regla?"

Frase 4: "No puedo con tus vaivenes emocionales"

Frase 5: "A mí no me ha reñido ni me madre, me vas a reñir tú"

La frase 1 es muy, muy, especial. Significa que, para ese tipo arcangélico, supuestamente intelectual, leer es cosa de hombres o, en todo caso, las mujeres han de ser mesuradas en la lectura, igual que en la bebida. Leer mucho les pone en un aprieto y leer demasiado es inaguantable. Esta es una frase que debería significar abrir la puerta y coger el primer taxi que pase por allí. 

Frase 2: Está basada en establecer comparaciones. Tú (seas quien seas tú, todas somos tú en cualquier momento) eres peor que las demás. Más molesta, más preguntona, más exigente, más dura, más pesada, más trasto. Sigo. Más fea, más gorda, más insolente, más mayor. Todos los "más" valen para la "tú". Y si la tú no anda espabilada, se convertirá en la tú más tonta del mundo mundial. Una víctima en modo tú. Tú víctima, yo víctima, etc. 

Frase 3: La regla es el mantra universal de todo hombre sin recursos, que, en realidad, teme a las mujeres como a una bala verde, aborrece el compromiso, quiere dominar y verse reflejado en un espejo que le devuelva una imagen feliz y aquí paz y después gloria. Cuando no es la regla, es la ovulación, cuando no la menopausia y, en general, las hormonas, esas pobres e inocentes cosas que no sabemos por qué se granjean la animosidad de todos los misóginos y otras faunas narcisistas al loro. 

Frase 4: Por supuesto que esto está relacionado con lo anterior. Pero también con una premisa: las mujeres somos seres sufrientes. No he conocido nunca a ninguna mujer que no sufriera más de lo debido. Nuestra vida tiene en el sufrimiento un motivo de preocupación constante. Y, enfrente, para contrarrestar, están ellos. He conocido solo a un par de sufridores masculinos. Sufrimos por los mayores, los niños, los kilos, la compra, el dinero, el físico, el amor y todo lo que nos echen. El misógino considera a las mujeres sufridoras unas tristes absurdas sin remedio. Y las machacan para que sufran un poquito más. 

Frase 5: Hay un truco estupendo que usan estos tipos. Cuando les recriminas algo que te ha sentado mal, que han hecho mal o que dejan de hacer, ellos usan alguna de estas lastimosas quejas: siempre me estás riñendo, nadie me riñe como tú, ya estás con los reproches, etc. La palabra reproche nunca se oye salvo que el tipo sea un misógino declarado y convencido. Quieren ser espíritus puros a los que nadie les tosa. Se creen perfectos y les molesta cuando insinuación que los convierta en vulgares mediocres deseosos de que les rían las gracias. 

No creas que esto agota el vivero de los lugares comunes, de los tópicos. Estas personitas (los misóginos, vividores, narcisistas y demás fauna similar) siempre procurará que no te muevas del ladrillo que te han asignado. La que se mueva no sale en la foto. Si te mueves eres la rebelde y las rebeldes no tienen derecho a mimos ni carantoñas. Aunque debería darte lo mismo. Esos mimos y carantoñas son más falsas que las monedas de latón. Un hombre de verdad nunca usaría tu nombre en vano. Ni derramaría cariños, cheries, encantos, corazones, guapas, princesas, y demás apelativos, como el que se mea en un cántaro. 

martes, 17 de abril de 2018

Alicia en el país de los maestros de la costura


Todos los que hemos sufrido la acometida de los mediocres entendemos a Alicia, la ganadora de Maestros de la costura. Semana tras semana, durante las diez que ha durado el concurso de TVE, hemos oído y visto las zancadillas, comentarios y prácticas de bullying que han llevado a cabo contra ella algunos concursantes. Y el silencio del resto, como suele corresponder a esta situación lamentable que sucede cuando se juntan unos cuántos envidiosos y otros cuántos cobardes, todos ellos perfectamente aliados en contra de alguien que les supera en brillantez, capacidad, trabajo y talento. 

Resulta sorprendente cómo Alicia ha logrado mantener su equilibrio y realizar su trabajo en estas condiciones. Y cómo no ha respondido con la misma moneda ni ha alterado su sonrisa ni devuelto las insidias. Salvo una noche en la que flaqueó al observar que una de sus supuestas "amigas" del programa la acusaba de ser dictatorial y fría, salvo ese momento en que ninguno de los compañeros dio un paso adelante cuando se afirmó que estaba sola y que no se trataba con nadie. Qué vergüenza sentí. 

Puede ser que alguien piense que, si hay tantos en su contra, es que el problema es de ella. Pero no. Una conjuración de gente sin talento, de pobre gente, llenos de envidia, eso es lo que producen estas acciones. Alicia tendrá que lidiar toda la vida con ello. Y fortalecerse para soportarlo. De las declaraciones que he leído hoy en la prensa creo que lo sabe de sobra. Y que por eso su objetivo lo mantiene en la mente más allá de componendas y amiguísimos. Lo entiendo tan bien como debe hacerlo alguien que ha pasado (y aún pasa) por lo mismo. 

Lo que no logro entender es que esto haya pasado y nadie de la organización haya movido un dedo. Aunque suele ser así. Esta es la secuencia de hechos que se repiten y en este caso, retransmitido. 

miércoles, 11 de abril de 2018

Libros para endulzar la vida


En los días más oscuros del invierno, cuando la luz se marcha pronto y la oscuridad anuncia que el día expira silencioso. 

En las tardes largas del verano, cuando el calor teje una túnica de seda sobre la ciudad y las nubes desaparecen hasta nuevo aviso. 

En los amaneceres suaves junto al mar, a punto de que los pies se incrusten en la arena y que las manos se desperecen con el compás de las olas. 

En la antesala del amor, cuando el corazón te señala que todo está a punto, que él cruzará la ciudad para verte y pronto todo estallará de gozo. 

En los postres de las despedidas, en ese momento indeciso en el que no sabes qué pensar, ni qué ocurrirá más tarde, ni por qué te has marchado.

Allí donde un dolor aprieta el estómago y se queda, dejándote convulsa. 

Allí cuando la tristeza te persigue y el aburrimiento te acosa. 

Allí si las cosas se han torcido y necesitas aire fresco para respirar.

En los andenes de las estaciones de tren o de autobús. En la playa. En el parque del invierno. En la terraza. En la azotea de tu niñez. En un hueco de las horas. En el balcón semiabierto. En el sofá acogedor. En tu silla de trabajo. En el suelo. En los sitios más inverosímiles. 

Un libro es el mejor sistema para apagar el fuego, caldear el ambiente, distender tu nerviosismo y animar tu risa. Eso es el libro: la pócima mágica que todo cuerpo necesita para seguir caminando sin que tropezar te distraiga de tu meta. 

lunes, 2 de abril de 2018

Prohibido ser tan guapo


(Michael Fassbender. Heidelberg, Alemania, 2 de abril de 1977) 

Yo soy de esas mujeres que critican a los hombres a los que solo les gustan las chicas guapas. Para qué negarlo, algo de envidia debe haber en eso. Preferiría que se decantaran por las inteligentes con cierto encanto pero, una y otra vez, me doy de bruces con la triste realidad. Cuando más listos ellos, más atraídos se sienten por las bellezas, con neuronas o sin ellas; con silicona o sin ellas; con bótox o sin él. El caso es resultar. 

Claro que en esta postura hay algo, o mucho, de fariseismo porque ¿a qué viene entonces que a mí me molen los macizos? O, mejor que los macizos, los guapos con pinta de superdotados intelectuales. Es así y no debería serlo. Siguiendo mi teoría solo debería fijarme en afables conversadores llenos de citas de filósofos griegos (o no), pero como la vida está hecha de contradicciones hete aquí que hoy me fijo en este muchacho de la foto y se me cae el alma a los pies. 

Fassbender no solamente es guapo, sino que tiene buen gusto escogiendo pareja (la genial Alicia Vikander a quien le perdono su suerte) y, además, da la impresión de que tiene un cerebro que rige y una formación nada despreciable. Eso es lo peor. Los guapos que tienen de todo. No sé cómo me atrevo a protestar de la tendencia humana (que ya Hutchison advirtió) de buscar la belleza en todas partes.