domingo, 26 de agosto de 2018

Tóxicos



He aprendido algo últimamente. Hay personas que ejercemos un imán que atrae a los tóxicos. Me ha ocurrido varias veces en mi vida y ya sería demasiada casualidad. Sin embargo, hasta hace poco no he logrado hallar la relación entre unos hechos y otros. Hay que pensar, amiga, me digo muchas veces. Pensar sin miedo a ahondar en esos pensamientos, por oscuros y tristes que parezcan. O por duros que sean contigo misma. 

Pues bien, en cuatro ocasiones mínimo he topado con gente así. Soy, por tanto, una víctima potencial de la toxicidad. De esa gente que son diferentes entre sí pero que tienen algo en común: te hacen pasarlo mal. Los tóxicos de los que hablo no son productos de droguería, ni alimentos en mal estado. Son personas. Cualquiera de nosotros puede tener cerca a alguien así y no darse cuenta. Porque lo difícil es descubrirlo y luego llega otro reto, solucionar el problema. Como ellos no pueden dejar de ser tóxico esa solución solo te incumbe a ti. Solucionar tu problema. 

Entre esas cuatro personas de las que os hablo hay dos hombres y dos mujeres, es decir, que no está relacionado siempre con las relaciones amorosas, también en la amistad hay tóxicos. Y en el amor, aunque yo nunca calificaría de amor lo que se siente en esas condiciones lamentables de pérdida de la estabilidad emocional. El amor es otra cosa y, como dice el poeta, quién lo vivió lo sabe. Es dependencia, adicción, droga dura, pero nunca amor. Nunca hay nada bueno si te relaciones con alguien tóxico. Apréndelo ya. 

Las personas son distintas entre sí, pero los tóxicos tienen rasgos comunes. Hago una relación de ellos por si te pueden servir. Y esto no va de coaching ni tonterías semejantes, sino de experiencia de la vida que comparto contigo porque me caes bien. Y porque es esencial la detección del problema. Solo sabes que alguien te hace sentirte mal. Y el resto lo adivinas a base de sangre, sudor y lágrimas. Fíjate. 

¿Qué hace la gente tóxica contigo?

Te mienten. No tienen por qué ser grandes mentiras, aunque también, pero mienten continuamente. Tienen una gran facilidad para mentir y ningún remordimiento por hacerlo. Siempre hallan alguna justificación a esas mentiras y la justificación eres tú. Lo hacen por ti. Son mentiras piadosas que intentan ayudarte, no hacerte daño. También pueden ser mentiras para protegerte, para salvarte de algo. Los tóxicos son salvadores por naturaleza. Así lo creen ellos. 

Tergiversan tus palabras y tus actos. Confunden los acontecimientos, los cambian de lugar, de orden, inventan una motivación, crean una situación que no ha existido. Interpretan la realidad a su manera, todo es un problema, un lío y tú eres el centro de ese lío. Te dirán que nadie actúa así con ellos, que eres la persona más rara y problemática que conoces. Terminas dudando de ti misma. Ese es el objetivo. 

Te manipulan y utilizan. Quieren llevar siempre la razón. Te adjudican sus propias maniobras. Tejen una red de araña que te envuelve. Convierten algo sin importancia en un problema. Tienen su esquema de vida intocable y tú debes adaptarte a él. Si no lo haces, te castigan de alguna manera. Están contigo solo si les interesas. Pero a veces te llegan a odiar si sientes que les ayudas o que detectas su debilidad. 

Te envidian. Los tóxicos son grandes envidiosos. Por eso intentan menoscabar tu autoestima, rebajarte del modo que sea. Convertir tus defectos en virtudes. Lo repetirán una y otra vez hasta que lo logren y caigas. Un sistema muy usado son comentarios dejados caer al aire, que parece que no tienen importancia. Detalles que van soltando y que tú vas guardando en la mochila de los agravios. 

Te ocultan información. Un tóxico no vive una sola vida. Amplias capas de su existencia permanecen ocultas, se superponen, no se tocan, no se relacionan. Los tóxicos no quieren ser descubiertos y guardan su intimidad de una forma exagerada, tanto es así que pueden engañarte a gusto. Suelen presumir de ser discretos pero en esto también mienten. Se protegen a sí mismos para que nadie ate cabos de lo que en realidad pretenden. 

No empatizan contigo. No tienen ninguna capacidad de ponerse en el lugar del otro. Si sufres por algo, te ridiculizarán. Si estás triste, tratará de que te sientas mal por eso. Si necesitas apoyo, se escabullirán lo más pronto posible. Su objetivo es siempre salvarse ellos. Dejar claro que tus problemas son tuyos y que ellos (o ellas, no lo olvides) no tienen la culpa de nada. 

Van de víctimas. Los tóxicos te hacen sentir culpables. Ellos son las víctimas de los demás. Se consideran generosos, bondadosos y buenas personas, tanto que los demás abusamos de ellos. Alardean de tener una gran paciencia, de atender a todo el que se le acerca, de llevar detrás de sí una serie de mochilas de personas a las que ayudan sin que nadie se lo demande. Sus defectos te los atribuyen a ti, ellos son los que los sufren. Por eso te adjetivan constantemente. 

Te convierten en otra persona. Lo primero que desaparece al tratar con ellos es la alegría. Luego llegarán otras emociones, como la inseguridad, la culpa, el miedo, la decepción, la rabia, el desconcierto, todo mezclado en un cóctel que no podrás controlar. Te ves a ti misma como alguien que no sabe actuar, que hace mal las cosas. Recurres a contarlo a algunos amigos y te verás sola, porque nadie entiende esto si no lo ha vivido. Empezarás a tomar pastillas para poder tranquilizarte, puedes llegar a no dormir. Llorarás continuamente. Serás un alguien triste. 

Te hacen sufrir. Usan el método de palo y zanahoria. Tendrán atenciones durante un tiempo y luego decaerán. Te preguntarás por qué y no tendrás respuesta. Si pides explicaciones, te tacharán de egoísta. Te echarán en cara su falta de agradecimiento. Te compararán con otras personas, supuestamente más agradables y menos problemáticas que tú. Te harán dudar de tí misma. Te sumirán en contradicciones, te alterarán, te pondrán en una situación límite. Serás infeliz. 

¿Por qué a mí?

Por razones varias: un mal momento, un complejo sin tratar, una infancia difícil, una familia con problemas, un tema de acoso escolar, la falta de afecto, la insatisfacción, pero también ser muy brillante, superdotada, muy inteligente, demasiado empática, hipersensible. Tener miedo, ser cobarde, no estar apoyada por nadie, parecer muy fuerte y no serlo. No saber pedir ayuda. 

¿Qué hacer?

Huye. Cuanto antes. No te preguntes cómo ni por qué. Vete. Corriendo. Sin mirar atrás. 

Y una advertencia: Los tóxicos suelen ser gente encantadora, que te atrapan precisamente porque dan la impresión contraria de lo que son. Ese es el verdadero problema.