jueves, 14 de febrero de 2019

Esa cosa que llaman amor

La chica de la foto es de la Agencia de Modelos Ford y la fotografía, en 1948, la gran Nina Leen. Las mujeres de Nina Leen son fantásticas. Parecen seguras de sí mismas, convencidas de que deben vivir su vida a tope, llenas de energía, luminosas, prácticas, íntegras. Cualquiera de nosotras querría ser una mujer de las que retrata Nina Leen, una mujer que no parece sufrir por amor, aunque quién sabe...No siempre las perlas ocultan pasiones verdaderas ni auténticas. No siempre los relojes diminutos a modo de pequeñas joyas son el símbolo de un regalo por alguien muy querido. No siempre los pendientes costosos tienen que ver con la entrega ni con el cuidado que ponen los amantes en el objeto de su amor. La chica de la foto nos mira con una media sonrisa que no sabemos descifrar. Con una mirada que pregunta algo. Lo malo es que no tenemos respuestas, no entendemos muy bien qué puede querer de nosotros alguien como ella que parece tenerlo todo: belleza, simpatía, elegancia...La chica escribe con la mano izquierda y nos intriga saber a quién dirige esa misiva, si es una carta de amor o de rechazo, si es una simple nota, si es una lista de cosas por hacer de esas que las mujeres siempre tenemos a mano, para no volver a mirarla después de confeccionada. 

Daría cualquier cosa (quizá no cualquier cosa, pero mucho) por entender de nuevo el significado de la palabra "amor" y, sobre todo, por sentir las emociones que contiene. Cuando se ha dejado de querer o cuando el ser amado ha desaparecido, se van también las sensaciones, las voces, el tacto de la piel, el olor, el aire entero que se respiraba. Y entonces las perlas amarillean para siempre, sin remedio.