domingo, 28 de agosto de 2016

Mis básicos para el otoño-invierno de 2016

Aunque te cueste imaginarlo, el calor pasará y llegará ese momento feliz en el que la temperatura te va a permitir vestir de otoño. El otoño es una estación magnífica, llena de elegancia y de glamour. Nada de sudar, nada de caras brillantes, ni de pelos recogidos con pinzas, ni de ir a medio vestir. No. Todo lo contrario. Así que yo ya he preparado, o casi, mis básicos para esta temporada y te los cuento porque el que avisa (la que avisa) no es traidor (ni traidora). Si no los buscas ahora corres el riesgo de no hallarlos. Así es la moda. Ipso facto. Que significa: toma el dinero y corre. Y paga. En la caja de la tienda o en el monedero de Internet. 



Un vestido color mostaza. El mostaza es un color engañoso. Crees que no le sienta bien a nadie. Y es falso. Se acopla de maravilla con cualquier tono de tez y es súper combinable. En este caso el vestido mostaza te va a hacer lucir como una mujer soñadora, libre y muy limpia de tonterías. 

Un abrigo blanco. Sí. El blanco en invierno es una tentación y un atrevimiento. Pero hay que atreverse. Te recomiendo uno de esos envolventes, por encima de la rodilla, hecho de algodón o similar, que lo mismo te sirve para ir con jeans que con una ropa más ad hoc. 


Una cazadora de piel azul petróleo. El azul es el color de este invierno. Y en la piel queda finísimo, muy especial, diferente. Estamos acostumbrados a los clásicos rojo, negro, en cazadoras. Pues en esta ocasión atrévete con el azul. Te irá bien con todo. 


Un anorak rojo coral. El anorak, mejor fino y corto, es una prenda otoñal por excelencia. A mí me gustan suaves, que se puedan llevar en la mano sin que pesen y que no te dé miedo quitártelo y dejarlo en cualquier sitio. El rojo siempre es moda, recuérdalo. También en esta temporada. 

Una camiseta gris. El gris es un color intemporal. Serio y formal, si lo usas en una camiseta se convertirá en un casual fantástico. Las camisetas de medio largo, oversize o ceñidas, con letreros o lisas, pero siempre de fondo gris, son encantadoras. También recomendables esas de tirantes de encaje para llevar debajo de las blusas. El encaje gris es lo más. 

Una camisa blanca. Lisa o con algún adorno. Este año se llevan los lunares, las estrellitas y las motas en tono negro sobre blanco. La camisa blanca, y no solo porque lo haya dictado Carolina Herrera, es la prensa más favorecedora que existe. 


Unos zapatos de color rosa empolvado. Mejor cerrados, con cordones, con media altura de tacón. Ideales para vestidos y para pantalones. Deliciosamente retros. Modernísimos. Me encantan. Tirando más a nude o a rosa maquillaje, eso da igual. 

Unas snaikers de tonos vivos. Las zapatillas de deportes están en alza desde hace un par de temporadas. Las lisas quedan bien, pero las de colores realzan cualquier vestimenta. En blanco y negro son muy chic. Las blancas son intemporales. Las hay metalizadas. No solo con vaqueros o pitillos, oye, también con faldas estrechas y vestidos. 

Un vaquero de cualquier tono. Para qué explicar que el pantalón vaquero es la prenda más moderna, clásica, magnífica, acoplable y todo lo que se diga es poco de nuestro armario?????? No hace falta dar datos, lo sabes, lo sabemos. 

sábado, 27 de agosto de 2016

Día de chicas


(Claire Bridge. Pintura)

Da igual como se llamen. Los nombres no significan nada. Lo que importa es ese sabor especial de las horas compartidas en las que ellas y tú entráis en el territorio aéreo de la amistad femenina. Las mujeres tienen mala prensa como amigas pero, cada vez más, llegas a entender que hay que separar el grano de la paja y que puedes desbrozar un campo plagado de amargos amarillos y hallar allí unas humildes amapolas como las de Monet. Ese campo surtido de rojo y verde prado en el que Cocó Chanel buscó la inspiración para sus tailleurs. 

Las tiendas son una excusa y recorrerlas un ejercicio acrobático, una coreografía de natación sincronizada, sin agua, sin piernas que pululan, sin horrendos uniformes chinos a base de colores duros. Bah. Es mucho mejor esto. Tiene más sabor y se escribe en letras cursivas. Las madres hablan con letras cursivas para que las hijas no descifren demasiado pronto los secretos de los desengaños amorosos. Las amigas se muestran entre sí llenas de esas cursivas irrenunciables. Todas guardan dolores de amor y todas tienen la misma sensación de que hay algo que se les escapa. 

Las mujeres de tu calle se juntaban para tomar café y para compartir la desilusión por el hombre ausente. Las amigas y tú volvéis a revivir ese rito de la complicidad en el que hay puertas cerradas y ventanas abiertas. Ni aun en los momentos más íntimos saldrán a la luz las verdaderas razones. No confesarás que lloras a veces sin motivo o con ellos. Ni que hay una especie de punzada antigua que reverdece y no se marcha. Pero hablaréis de colores. Sí. Este año de grises, mostazas, rosas empolvados, rojos prietos y ese azul, azul, azul, del cielo de Michaux. Tu t’en vas sans moi, ma vie./Tu roules./Et moi j’attends encore de faire un pas./

Hablaréis de tallas. Cada una de vosotras querrá ser diferente a cómo es. Y en el fondo, estará pensando en un "él" que en ese momento tomará displicente el vermut, con dos aceitunas y un cigarrillo en la mano. O el móvil, buscando un mensaje que no es el vuestro. O el periódico, hojeando los resultados del partido. Bah. Es mucho mejor esto. Sentarse en una esquina y beberse la risa que entre todas facturáis al por mayor cada día. 

Da igual como se llamen. Importa solo el brillo de los ojos que ningún "él" reconocerá porque no puede verlo. Importa solo el gesto de las manos, la curva graciosa de los pies al probarse ese zapato que tiene el reverso del color del granate. Importa solo el mohín de los labios, con ese rouge que los "él" que existen por el mundo no les gusta besar. Importa solo ese instante feliz, entre todas las cosas, revuelo de tejidos, inmenso escaparate, en que las horas pasan sin esperas, sin nada más que esto, una pequeña parte de un pastel hecho de la dulzura de la vida. 


viernes, 19 de agosto de 2016

La lista de los deseos


Entras en una de esas páginas web que venden libros y películas y aparece una llamada para que escribas la lista de tus deseos. Entonces pienso en mi propia lista, la que tengo siempre en la cabeza. Es una lista cuya cúspide siempre ocupa el deseo más deseado, lo lógico, lo que todos queremos tener para poder sobrevivir. Y vivir, claro está. Luego están otros deseos que tienen que ver con tu familia, ya sabes. Y, en un rinconcito de esos deseos, hay un deseo inconfesable. Un deseo que te da un poco de vergüenza pedir. Porque a mí me enseñaron que no se debe pedir nada más que lo imprescindible. Y el amor no debe serlo porque, si lo fuera, las estadísticas de pobreza serían mucho más dramáticas. 

Así que ese deseo oculto, insatisfecho, ese deseo innombrable, ese deseo que se esconde hasta a los santos a los que rezas, es una especie de fantasma, algo que te ronda, pero que no ve la luz; algo que existe solo para ti. Solo para sus ojos como rezan los papeles de los espías. Como decía Bond, James Bond. Ese deseo, ay, lo he pedido en los últimos tiempos todos los días varias veces. Mañana, tarde, noche y madrugada, como suena la copla. Pero no se ha cumplido. Y ya no va a cumplirse. Es más. Ya no voy a pedirlo más. Porque se ha revelado un deseo basado en una premisa falsa. Yo no soy filósofa pero casi. Y la intuición me dice que Sócrates me aconsejaría mandar ese deseo al fondo del mar, en una botella, dentro de un mensaje en el que, en lugar de aparecer "Te quiero", diga "Adiós". 

Siempre hago caso a los que saben más que yo. Y no me gusta hacer el ridículo, sobre todo si no me dan un Oscar o un Planeta.