sábado, 19 de mayo de 2018

Crónica de la boda de Harry y Meghan


 Me disponía a hacer una crónica entusiasta de la boda del año, la del príncipe Harry y la actriz estadounidense Meghan Markle (la doble de Begoña Villacís), pero mi íntima amiga, la aristócrata inglesa de toda la vida Lady Fiona Louise Evans-Pritchard, para los amigos Filo, ha venido en mi ayuda y me ha contado, con pelos y señales, todo lo que ella ha vivido como invitada al evento. Ay Filo, no sabes cómo te lo agradezco y no sabes lo reconfortante que es leer tu misiva en esta tarde trianera en la que la tormenta ha vuelto a hacer su aparición.


"Querida, ha sido muy emocionante. Se nota que están muy enamorados. La mañana empezó con algún contratiempo para mí, porque mi vestido amarillo paja de Christopher Kane se me ha quedado un poquito holgado debido a que, como sabes, llevo un mes a dieta de brócoli y ensalada de berros. Luego me he consolado al ver a la novia porque su traje también le quedaba ancho. Te hubiera encantado mi clucht anaranjado de Fuster Lewis y mis zapatos súper altos en tono violeta de Hubert Ross. Lo más guay ha sido mi sombrero, un canotier de paja con flores amarillas,  homenaje al origen francés de mi querido François.


 Llegamos a la hora fijada y nos dedicamos a cotillear los atuendos de los demás, para eso teníamos algún tiempo por delante. El traje de George Clooney no nos gustó nada, parecía un directivo de un banco en el palco del Bernabéu y tampoco el vestido azul oscuro de Victoria exSpice. Esta mujer siempre se empeña en ir vestida como a una comida de negocios. Sí estaba preciosa, y digna de ver, Kitty Spencer (en la foto superior) una de las primas del novio por parte de su madre. La duquesa de Richmond se empeñaba en destacar sobre las demás con un modelazo Ascott que no pegaba ni con cola. Y no te digo nada de Cherry Dormand, la sobrina de Peggy Labour, siempre tan sofisticada y tan cateta a la vez. Aunque para cateta la baronesa de Saint Medars que se ha dedicado a enseñar la suela del zapato para que todos viéramos que era unos Laboutin auténticos. 


 Debí haber advertido a protocolo de mis alergias a las plantas de polen distraído, porque me he pasado toda la ceremonia estornudando. Esto ha generado alguna queja a mi alrededor, a mi juicio exagerada, porque no es culpa mía que algunos estornudos hayan coincidido con los si, quiero y con los cantos de los gospell esos. El problema está en la capilla de Saint George y tanto gótico vertical, que da la sensación de que estamos asistiendo a una boda en un bloque de pisos. Nada que ver con la catedral de Sevilla, tan horizontal y cómoda, que conocí cuando la boda de vuestra infanta Elena. 


 La ceremonia ha sido un poco pesada. Hablaban muchos y también había cánticos, chelos, sopranos, en fin, larguísima. Yo había salido de casa sin tomar nada, como es mi costumbre, y cuando llevaba una hora en el acto ya estaba pensando en un delicioso pudín o una tarta de almendras. Pero estaba segura de que pasaría hambre todo el día. Estos Windsor comen poquísimo y lo peor es que se sienten molestos cuando los demás comen. En el ágape costaba horrores pillar un canapé y no te digo nada de lo liquiducha que era la sopa y lo frío que estaba el pato. Un pato en esta época es un desaguisado, ya te lo digo. Los tuvieron que cazar en otoño y los han tenido congelados en palacio a la espera de un evento. Entre eso y que la masa del pastel requiere no sé cuántos meses para que cuaje, el menú ha sido prehistórico. 

 Un cura episcopaliano de Nueva York nos ha insistido mucho en esto del amor. Amor, amor, amor, que creo era una canción de Lolita. No sé a qué viene tanto repetirlo en una boda. Ya sabemos que se casan enamorados pero también sabemos lo que dura el amor. Y es mejor así. Estar enamorada es agotador y no le deseo ni a Meghan ni a nadie que beba continuamente los vientos por Harry. Mejor una cosa tranquila y duradera. La madre de Meghan llevaba un piercing en la nariz que brillaba a lo lejos. Pensé al verla que era una lágrima y luego que era sudor, pero no, era un brillante y algunas de mis amigas lo calificaron de una cosa friki. 

 Lo mejor de todo, querida, como siempre, la reina, el duque de Edimburgo y nuestro querido Charles. Su chaqué gris es intergaláctico. Por eso todas las mujeres del reino lo adoran. Lucir bien siendo guapo es fácil, hacerlo siendo un hombre como él, es genial..."

domingo, 13 de mayo de 2018

Cosas por hacer en los próximos días


(Fotografía de Paul Horst)

1. Renovar el DNI (la foto de carnet está guardada en la cajita de tapas rojas, he salido regular)

2. Pintarme las uñas de los pies (ya es momento de sandalias y sin uñas rojas la sandalia no luce)

3. Recoger la chaqueta de la casa de los arreglos (no sé cómo me compro siempre una talla más grande)

4. Llevar los relojes a que les cambien la pila (los he metido todos en una caja rosa bastante grande que está junto al mueble blanco de los calcetines)

5. Hacerme el tratamiento hidratante en la peluquería (y estar pendiente de no olvidarme, como la última vez, que luego me riñe la peluquera)

6. Comprar leche de soja y cereales integrales. 

7. Olvidarme de ti (como llevo diciéndome hace ya varios meses sin resultado) 

martes, 1 de mayo de 2018

La boda de Meghan y Harry


Me pirran las royal wedding. Son lo más de las bodas y eso que las bodas ahora tienen miga. Todas contienen elementos tan "tradicionales" como damas de honor con vestidos horrorosos, tocados imposibles en las damas, carpas adornadas con flores, latas que suenan en el coche nupcial, despedidas de solteras y solteros (por separado, con boys y otros aditamentos) y exóticos viajes. Si te casas y vas a París ya sabes que eres un paria social. Lo suyo son las islas Fidji, Ceilán, el archipiélago de las Bahamas o Namibia, como van a hacer Meghan Markle y el príncipe Harry del Reino Unido, tras su boda el 19 de mayo

A la boda de Meghan y Harry le va a faltar la madre del novio, la mediática Lady Di, pero tendrá el morbo de ver si Kate Middleton ha recuperado la figura, al mes y pico de dar a luz su tercer hijo, Luis Arturo Carlos. O de comprobar el estado de forma de la Queen Elizabeth, un milagro de longevidad como su propia madre. También habrá algún invitado molesto, como el tío Spencer. Pero, sobre todo, abundará lo que últimamente en todos los enlaces reales: mucho plebeyo, actores, actrices, cantantes y gente de sangre roja, roja, que, mezclada con la azul, debe dar ese precioso color violeta que este año es el tono Pantone. 


Los seiscientos invitados acudirán a la capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor, para contemplar el Sí, quiero. La novia llevará un vestido aún no desvelado y, seguramente, algo viejo, algo nuevo, algo azul, algo prestado. El azul es un color grandioso...A la salida de la ceremonia Harry y Meghan serán saludados con confeti y con pétalos de flores. Aquí siempre soltamos arroz, a veces con una puntería bastante mala, incluso con ganas de dar por parte de alguna "amiga" envidiosa, aunque los pétalos son la moda importada que asemeja las salidas de los novios con las petaladas a los pasos de palio. 

Todo estará lleno de hojas de haya, abedul, además de rosas, peonías y dedaleras. De mis lecturas de Agatha Christie siempre pensé que las hojas de dedalera eran venenosas pero lo mismo era una licencia que se tomaba la escritora. Philippa Craddock, que es la florista elegida, se va a cuidar muy bien de que no haya alergias ni intoxicaciones. En las invitaciones ya se ha especificado el vestuario. Barnard and Westwood, que es la imprenta encargada del tarjetón (muy simple, sencillo, blanco con letras doradas), lo aclara: "Uniforme, abrigo de mañana o americana para los hombres; vestido de día con sombrero para las mujeres". Una vez vi una pamela en una verbena de pedanía, a las tantas de la noche. Y, en otra ocasión, me llegó una tarjeta de boda que se abría y contenía una musiquita con unas rosas rojas de las que se derramaba purpurina...


Tras la ceremonia, habrá una recepción en St. George´s Hall, servida por mil camareros y para la que ya están previstos veintiocho mil canapés y dieciséis mil copas de champán. Si algún invitado lee este post no debería, sin embargo, hacerse ilusiones. La cocina inglesa es poco imaginativa y, aparte del pudding y la lengua de vaca fría, poco más puede esperarse. Si la boda fuera en Francia habría un menú largo y estrecho en homenaje a Paul Bocuse, el chef recientemente desaparecido que inventó en su restaurante de Lyon la nouvelle cuisine, pero en estos lares se pasa hambre casi siempre y mucho más en una boda pagada enteramente por la reina. El protocolo ha calculado, no obstante, que cada invitado beberá unas cuatro copas de champán, con lo que doscientos millones de burbujas andarán flotando por el aire como esas que lanzan los niños al aire con una cañita y agua jabonosa. 

Meghan Markle no es Grace Kelly. Pero es que ninguna consorte principesca de los últimos años lo es. Cuando Grace se casó con el príncipe Rainiero de Mónaco (a quien conoció en el rodaje de Atrapa un ladrón, con el bello Cary Grant) aquello fue una extravagancia, pero con clase, glamour y expectativas de que las monarquías europeas se reciclaran. Y tanto que lo han hecho. Los hijos de Grace animaron el mapa aristocrático durante muchas temporadas, sobre todo Carolina, a quien un amigo divisó pedaleando por las calles de un pueblecito francés, cuando era ya una viuda desconsolada y pasaba las horas recorriendo el sur de Francia en su bicicleta azul con cestita y vestida de bambula floreada. 

Meghan no es solo actriz, no es solo americana, sino también divorciada e hija de divorciados, mayor que Harry unos cuatro años y famosa por haber hecho una serie de televisión, Suits, en la que interpretaba el papel de Rachel Zane. Las series de televisión son ahora el equivalente a La ventana indiscreta. Y ser divorciada es lo justo, lo contrario sería muy sospechoso. Así es que la novia es el prototipo de la novia de príncipe del siglo XXI. Además de su vestido nupcial llevará otro por la noche (el signo de los tiempos, cambiarse de vestido dos o tres veces) para la recepción que ofrecerá el príncipe Carlos en Frogmore House, un acto privado al que "solo" acudirán unas doscientas personas. La asesora de imagen y estilista Jessica Mulroney ha empezado a enseñar a Meghan qué abrigos de tweed usar para las inauguraciones, como deben colocarse los sombreros para que el aire de Ascott no los derribe y otras sutilezas de protocolo. 

lunes, 30 de abril de 2018

"Harris and Harris"

  "Flores para la señora Harris" es un precioso libro de Paul Gallico, que publicó la editorial Alba, en su colección Rara Avis y cuya reseña anda por aquí.

 La señora Harris trabaja en el servicio de limpieza en Londres. Es una de las miles de mujeres que ponen en funcionamiento diario las casas de Inglaterra y cuyo celo y entrega hacen posible la vida cotidiana. Las señoras de la limpieza son una institución en este país. Y mucho más lo eran en los años cincuenta del siglo pasado, época en la que se ambienta esta novela.

  Harris es viuda y su trabajo en las casas de gente adinerada le sirve para subsistir y para estar ocupada. Un día, arreglando unos armarios en la casa de una mujer muy rica, atisba unos vestidos de Dior que están allí colgados. Se queda tan deslumbrada que arde en deseos de tener uno de esos trajes.

   Así que ahorra y ahorra, hasta que consigue ir a París y allí le suceden cosas maravillosas. El poder de la ilusión es infinito. Es capaz de elevar a las personas sobre sí mismas y de lograr metas impensables.

   Pues bien, vuelve la señora Harris y esta vez se va a Nueva York. Como siempre, se trata de hacer algo bueno para alguien, de ayudar y de luchar contra las cosas que están mal hechas. Hay un niño al que echar una mano y la señora Harris no dudará en hacerlo.

   Las aventuras de la señora Harris tuvieron mucho éxito cuando se publicaron y por eso el autor hizo tres entregas más, una de las cuales es esta excursión a Nueva York. "La señora Harris en Nueva York" saldrá próximamente en Rara Avis, una de las colecciones más bonitas, delicadas e interesantes del mundo editorial español. Sus títulos están bien escogidos, sus autores son variados y llenos de un aire especial que me encanta. E, incluso, tienen un diseño delicioso, que da gusto manosear.

     Cuando el libro salga haré cumplida reseña del mismo en mi blog Una isla de papel, pero, de momento, quede aquí constancia de esta curiosa espera, de este hormigueo tan simpático que se siente cuando se tiene ganas ya de leer un libro y todavía no se ha asomado a las librerías. Porque, como he comentado otras veces, los libros que reseño me los pago yo, me los compro yo, los elijo yo y nadie me impone ni lo que tengo que decir ni los libros que tengo que reseñar. Ventajas de ser una anónima bloguera, sin mayor relevancia y con la mayor libertad de expresión.

   (Las fotos de esta entrada son del grandísimo fotógrafo Serge Balkin, marido de la no menos grande Nina Leen. Ambos me tienen cautivada con sus fotografías tan llenas de vida, tan especiales y plagadas de imaginación).

miércoles, 25 de abril de 2018

Misóginos, narcisos y cardos borriqueros


(Foto: Loomis Dean)

He aquí unas cuántas frases prototípicas que te pueden servir, querida amiga, para descubrir si ese señor al que tú, en tu inocencia, consideras maravilloso, es, al fin y al cabo, un misógino de tomo y lomo, bastante enmascarado. 

Frase 1: "Lees demasiado" 

Frase 2: "Las otras no me crean tantos problemas como tú"

Frase 3: "¿Es que tienes la regla?"

Frase 4: "No puedo con tus vaivenes emocionales"

Frase 5: "A mí no me ha reñido ni me madre, me vas a reñir tú"

La frase 1 es muy, muy, especial. Significa que, para ese tipo arcangélico, supuestamente intelectual, leer es cosa de hombres o, en todo caso, las mujeres han de ser mesuradas en la lectura, igual que en la bebida. Leer mucho les pone en un aprieto y leer demasiado es inaguantable. Esta es una frase que debería significar abrir la puerta y coger el primer taxi que pase por allí. 

Frase 2: Está basada en establecer comparaciones. Tú (seas quien seas tú, todas somos tú en cualquier momento) eres peor que las demás. Más molesta, más preguntona, más exigente, más dura, más pesada, más trasto. Sigo. Más fea, más gorda, más insolente, más mayor. Todos los "más" valen para la "tú". Y si la tú no anda espabilada, se convertirá en la tú más tonta del mundo mundial. Una víctima en modo tú. Tú víctima, yo víctima, etc. 

Frase 3: La regla es el mantra universal de todo hombre sin recursos, que, en realidad, teme a las mujeres como a una bala verde, aborrece el compromiso, quiere dominar y verse reflejado en un espejo que le devuelva una imagen feliz y aquí paz y después gloria. Cuando no es la regla, es la ovulación, cuando no la menopausia y, en general, las hormonas, esas pobres e inocentes cosas que no sabemos por qué se granjean la animosidad de todos los misóginos y otras faunas narcisistas al loro. 

Frase 4: Por supuesto que esto está relacionado con lo anterior. Pero también con una premisa: las mujeres somos seres sufrientes. No he conocido nunca a ninguna mujer que no sufriera más de lo debido. Nuestra vida tiene en el sufrimiento un motivo de preocupación constante. Y, enfrente, para contrarrestar, están ellos. He conocido solo a un par de sufridores masculinos. Sufrimos por los mayores, los niños, los kilos, la compra, el dinero, el físico, el amor y todo lo que nos echen. El misógino considera a las mujeres sufridoras unas tristes absurdas sin remedio. Y las machacan para que sufran un poquito más. 

Frase 5: Hay un truco estupendo que usan estos tipos. Cuando les recriminas algo que te ha sentado mal, que han hecho mal o que dejan de hacer, ellos usan alguna de estas lastimosas quejas: siempre me estás riñendo, nadie me riñe como tú, ya estás con los reproches, etc. La palabra reproche nunca se oye salvo que el tipo sea un misógino declarado y convencido. Quieren ser espíritus puros a los que nadie les tosa. Se creen perfectos y les molesta cuando insinuación que los convierta en vulgares mediocres deseosos de que les rían las gracias. 

No creas que esto agota el vivero de los lugares comunes, de los tópicos. Estas personitas (los misóginos, vividores, narcisistas y demás fauna similar) siempre procurará que no te muevas del ladrillo que te han asignado. La que se mueva no sale en la foto. Si te mueves eres la rebelde y las rebeldes no tienen derecho a mimos ni carantoñas. Aunque debería darte lo mismo. Esos mimos y carantoñas son más falsas que las monedas de latón. Un hombre de verdad nunca usaría tu nombre en vano. Ni derramaría cariños, cheries, encantos, corazones, guapas, princesas, y demás apelativos, como el que se mea en un cántaro. 

martes, 17 de abril de 2018

Alicia en el país de los maestros de la costura


Todos los que hemos sufrido la acometida de los mediocres entendemos a Alicia, la ganadora de Maestros de la costura. Semana tras semana, durante las diez que ha durado el concurso de TVE, hemos oído y visto las zancadillas, comentarios y prácticas de bullying que han llevado a cabo contra ella algunos concursantes. Y el silencio del resto, como suele corresponder a esta situación lamentable que sucede cuando se juntan unos cuántos envidiosos y otros cuántos cobardes, todos ellos perfectamente aliados en contra de alguien que les supera en brillantez, capacidad, trabajo y talento. 

Resulta sorprendente cómo Alicia ha logrado mantener su equilibrio y realizar su trabajo en estas condiciones. Y cómo no ha respondido con la misma moneda ni ha alterado su sonrisa ni devuelto las insidias. Salvo una noche en la que flaqueó al observar que una de sus supuestas "amigas" del programa la acusaba de ser dictatorial y fría, salvo ese momento en que ninguno de los compañeros dio un paso adelante cuando se afirmó que estaba sola y que no se trataba con nadie. Qué vergüenza sentí. 

Puede ser que alguien piense que, si hay tantos en su contra, es que el problema es de ella. Pero no. Una conjuración de gente sin talento, de pobre gente, llenos de envidia, eso es lo que producen estas acciones. Alicia tendrá que lidiar toda la vida con ello. Y fortalecerse para soportarlo. De las declaraciones que he leído hoy en la prensa creo que lo sabe de sobra. Y que por eso su objetivo lo mantiene en la mente más allá de componendas y amiguísimos. Lo entiendo tan bien como debe hacerlo alguien que ha pasado (y aún pasa) por lo mismo. 

Lo que no logro entender es que esto haya pasado y nadie de la organización haya movido un dedo. Aunque suele ser así. Esta es la secuencia de hechos que se repiten y en este caso, retransmitido. 

miércoles, 11 de abril de 2018

Libros para endulzar la vida


En los días más oscuros del invierno, cuando la luz se marcha pronto y la oscuridad anuncia que el día expira silencioso. 

En las tardes largas del verano, cuando el calor teje una túnica de seda sobre la ciudad y las nubes desaparecen hasta nuevo aviso. 

En los amaneceres suaves junto al mar, a punto de que los pies se incrusten en la arena y que las manos se desperecen con el compás de las olas. 

En la antesala del amor, cuando el corazón te señala que todo está a punto, que él cruzará la ciudad para verte y pronto todo estallará de gozo. 

En los postres de las despedidas, en ese momento indeciso en el que no sabes qué pensar, ni qué ocurrirá más tarde, ni por qué te has marchado.

Allí donde un dolor aprieta el estómago y se queda, dejándote convulsa. 

Allí cuando la tristeza te persigue y el aburrimiento te acosa. 

Allí si las cosas se han torcido y necesitas aire fresco para respirar.

En los andenes de las estaciones de tren o de autobús. En la playa. En el parque del invierno. En la terraza. En la azotea de tu niñez. En un hueco de las horas. En el balcón semiabierto. En el sofá acogedor. En tu silla de trabajo. En el suelo. En los sitios más inverosímiles. 

Un libro es el mejor sistema para apagar el fuego, caldear el ambiente, distender tu nerviosismo y animar tu risa. Eso es el libro: la pócima mágica que todo cuerpo necesita para seguir caminando sin que tropezar te distraiga de tu meta. 

lunes, 2 de abril de 2018

Prohibido ser tan guapo


(Michael Fassbender. Heidelberg, Alemania, 2 de abril de 1977) 

Yo soy de esas mujeres que critican a los hombres a los que solo les gustan las chicas guapas. Para qué negarlo, algo de envidia debe haber en eso. Preferiría que se decantaran por las inteligentes con cierto encanto pero, una y otra vez, me doy de bruces con la triste realidad. Cuando más listos ellos, más atraídos se sienten por las bellezas, con neuronas o sin ellas; con silicona o sin ellas; con bótox o sin él. El caso es resultar. 

Claro que en esta postura hay algo, o mucho, de fariseismo porque ¿a qué viene entonces que a mí me molen los macizos? O, mejor que los macizos, los guapos con pinta de superdotados intelectuales. Es así y no debería serlo. Siguiendo mi teoría solo debería fijarme en afables conversadores llenos de citas de filósofos griegos (o no), pero como la vida está hecha de contradicciones hete aquí que hoy me fijo en este muchacho de la foto y se me cae el alma a los pies. 

Fassbender no solamente es guapo, sino que tiene buen gusto escogiendo pareja (la genial Alicia Vikander a quien le perdono su suerte) y, además, da la impresión de que tiene un cerebro que rige y una formación nada despreciable. Eso es lo peor. Los guapos que tienen de todo. No sé cómo me atrevo a protestar de la tendencia humana (que ya Hutchison advirtió) de buscar la belleza en todas partes. 

sábado, 31 de marzo de 2018

La belleza nunca es rutinaria


La belleza es un estado del corazón. Cuando eres feliz, te sientes hermosa. Cuando te quieren, el amor te hermosea. Cuando te quieres a ti misma, todo lo tuyo es valioso. Sentado todo esto hay algunas ayudas que podemos adoptar y que nos sirven para encontrarnos mejor. Son rutinas de higiene, de arreglo, de mejora física, que bien mirado, están a nuestro alcance casi siempre. 

Veamos: Una buena imagen tiene varios puntos sobre los que se sostiene: 
*Limpieza
*Hidratación
*Protección solar
*Cuidado de la piel del cuerpo
*El cabello es muy importante
*Pies y manos
*Una dosis extra de alegría de vivir


Limpiarse la cara y el cuello diariamente es el ABC de la belleza. Sin perezas ni demoras. Una vez por la noche y otra al levantarnos. Después de eso, hidratar es fundamental. De noche, esa hidratación se puede enlazar con nutrir. Los ojos también requieren cuidado, limpiarlos para que no haya restos de maquillaje y nutrirlos con sustancias específicas. Asimismo, la protección solar alta antes de salir a la calle es otro añadido que no se puede olvidar. Y no solo hay que cuidar el rostro y el cuello, sino todo el cuerpo. Un guante de crin en la ducha, para combatir la celulitis, las células muertas y darle vigor, así como una hidratación completa, son dos elementos muy necesarios. 

En el terreno de la higiene y la belleza hay que considerar el uso de cremas adecuadas, que no siempre son las más caras, pero que han de tener mejor productos naturales y evitar los metales y otros elementos nocivos. Por supuesto que deben adecuarse a cada tipo de piel y siempre nos podemos ayudar de ampollas de vitaminas, como los proteoglicanos, para preparar la piel, así como de champús y tratamientos específicos para el cabello (mascarillas, leches, voluminizadores). 


Nuestra carta de presentación son las manos. Unas manos cuidadas, con las uñas bien cortadas, pintadas del color que mejor nos siente en cada momento, son garantía de elegancia. La manicura cada dos semanas es el seguro para que nuestras manos estén en buen estado, pero diariamente, hay que usar una crema hidratante potente para que se conserven suaves y darles un masaje que las revitalice. Lo mismo ocurre con los pies, cuya atención no debe dejarse para el tiempo de las sandalias sino mantenerlo todo el año. 


Hacer ejercicio, dormir bien, disfrutar del aire libre, comer con una dieta sana y divertida, todo ayuda a que nos mantengamos en un tono adecuado y podamos disfrutar de la vida. Porque el objetivo es, siempre, lograr una dosis extra de alegría de vivir. Y por eso, cuando estemos pasando malos momentos, toda esta rutina maravillosa será aún más necesaria. Si él no te quiere, te trata mal, si te sientes sola, si no encuentras amigos, si has perdido a un ser muy querido, si la ilusión se ha marchado de tu vida, siempre te tendrás a ti misma, siempre podrás luchar contra el hastío. Porque la belleza nunca es rutinaria y porque tú mereces ser bellísima por dentro y por fuera. 

sábado, 17 de marzo de 2018

Maestros de la costura


(Palomo Spain, Maria Escoté, Lorenzo Caprile, jurado y Raquel Sánchez Silva, presentadora)

El rey de Maestros de la costura es Lorenzo Caprile. Modista consagrado, amante de la moda, exagerado a veces, lleno de ideas propias, gruñón y rebosante de energía, en ocasiones positiva y, en otras ocasiones, negativa del todo. Pero su presencia en el programa consigue que nos creamos que esto es moda y esto es costura. El débil límite entre la creatividad y la artesanía, las manos que cosen, la máquina que enjareta, la imaginación que vuela, todo eso aparece y desaparece, pero, sin duda, tiene momentos brillantes en los que todos aquellos que consideramos la moda como una reflejo de la sociedad, como un elemento indispensable de nuestro paisaje personal y cultural, estamos enganchados. 

El resto del jurado, Palomo Spain (aire de buena persona) y María Escoté, son complementarios al gran Caprile. Y la presentadora, Raquel Sánchez Silva, un poquito hiper presente (debería aprender del buen hacer de Eva González en Masterchef, más en su sitio). Los concursantes son variopintos y curiosos, como es lógico en estos concursos con formato de reality. Yo ya tengo mi preferida y mis odiados. Así debe ser. 


Mahi es una chica muy graciosa, tierna y vulnerable, a pesar de sus labios pintados de negro. Su conversación es chispeante y llena de vulgarismos que, en ella, no resultan bastos, sino entretenidos. Por su parte, Jaime es un bordador valenciano con las mañas que todos le adjudicamos a un bordador valenciano. Típico y tópico. Pa es la esposa de un marino del Elcano, madre de seis hijos y una buena costurera aficionada. Sensata y maternal. Luisa, una jerezana muy tradicional y con un gusto ciertamente kich, y, por eso mismo, personal. Antonio no me termina de convencer. Lo veo bastante ladino y lleno de recovecos. Quiere ganar a toda costa y eso puede hacer que pierda. Muy profesoral y académico, demasiado. Y estoy hasta el gorro de que mencione todo el tiempo a su mujer y a su hijo. Eduardo me cae fatal. Su afán de protagonismo solo es comparable a su vagancia. No da golpe y quiere ser la estrella. La mala leche que gasta con algunos es ostensible y eso queda feo en la tele. Ana, muy flojita en todos los aspectos, ha tenido suerte hasta ahora. Estos son los concursantes que quedan ahora, ya han eliminado a unos cuantos. 

Mi favorita para ganar es Alicia. Una chica de 23 años, de Madrid, que tiene varias cosas a su favor, a pesar de que no ha estudiado moda: Sabe coser a mano y a máquina, tiene imaginación y creatividad, es muy trabajadora y seria, tiene personalidad y fuerza para seguir a pesar de que tiene claro que hay quien está en su contra (los envidiosos, Antonio y Eduardo). Así que espero que gane Alicia. Tendrá un gran futuro en la moda si sigue trabajando y aprovecha el premio. 

De momento, el gran triunfador es Caprile. Un hallazgo. Aunque en este blog ya se hace referencia a él pues tengo por aquí un libro suyo y pude saludarlo personalmente cuando lo presentó en Sevilla. Y, además, vivió veranos en La Carolina, esa ciudad para mí tan amada. ¿Qué más se le puede pedir?

sábado, 24 de febrero de 2018

Primavera Ultravioleta


El color de la próxima primavera es el ultravioleta. Así lo estableció Pantone y así todas las marcas de moda a lo grande, de modistas al por menor, de pret-a-porter y de costureras buscando la fama, han adoptado el tono y aparece en monocolor o mezclado en estampados florales, en rayas o en cuadritos. El ultravioleta es un color muy concienciado. Las mujeres lo han tomado como su color feminista y en ese sentido todas contentas. Quizá el feminismo oficial decidirá, ante el auge de su fetiche, que no es momento de lucirlo para no parecer todas iguales. La inmensa mayoría desfilará en violeta y las ultras quizá lo hagan en amarillo. 


Este se ha colado sin avisar y, como buen complemento del violeta que es, lo tenemos en todos los desfiles. También aparece mezclado con rojo y eso que en España no somos amantes de que los colores de la bandera se junten, por eso de que algunos lo ven patriótico, otros lo ven facha y la mayoría no sabe dónde mirar. El amarillo es el otro color de moda de la primavera y del verano, un color muy fresco, muy atemporal, muy marcado por connotaciones en el mundo del espectáculo y muy difícil de llevar. No a todo el mundo le sienta bien el amarillo, tenedlo en cuenta. 


En cualquier caso, lleves el color que lleves, una de las tendencias más fuertes es que lo cubra todo. Un solo color, incluidos zapatos si puede ser, con el escaso complemento de un bolso a juego, eso es lo más en las próximas fechas. El naranja, el rosa empolvado, el amarillo otra vez, el eterno blanco, el luminoso coral y el siempre elegante azul en cualquiera de sus manifestaciones, pero sin añadirle nada, puros, en sí mismos. Los pantalones pueden ser cortos, por el tobillo, pitillos, anchos, anchísimos, hay una enorme variedad. Se llevan los tops lenceros, las camisas con encajes o similares, las mangas anchas, la manga larga y la corta, así como las lazadas en el cuello o en la cintura, muy románticas, aunque a veces incómodas. 

lunes, 19 de febrero de 2018

Nueva York en el foco


(Fotografía de Matt Weber)

Paso de outlets, de falsificaciones (para eso, nada mejor que Chinatown, pero no pienso ir sin Jack Nicholson) y de ropa barata de Macy´s o de Kmart. Lo mío son las tiendas de la Quinta Avenida, más o menos a la altura de Central Park, en esa esquina en la que podemos quedar y, mientras espero (porque yo soy muy puntual y tú siempre llegas tarde), puedo darme una vuelta rápida por el Apple Store Grand Central, a buscar algún fetiche de la manzana o, incluso, si el retraso es más del normal, aprovisionarme de colorete, lápiz de labios, perfilador de ojos y maquillajes en MAC, Sephora o L´Occitane.

Por supuesto que el plato fuerte de las compras será la entrada triunfal en Prada, Tiffany, Salvatore Ferragamo, Hugo Bosso, DKNY, Guess, la joyería de Van Cleef and Asperls y, para imaginar que anda por allí Tom Hanks, la Juguetería FAO Schwarz. En un hueco quizá incluso pueda pasar por Saks y hacerme la manicura, con ese color rojo, rojo, que tienen ya los anuncios de primavera en los tarros de cristal del esmalte de uñas.

Aunque dormir en el Hotel Plaza ya es una experiencia, no se queda atrás tomar un auténtico desayuno americano en el Ellen´s Stardust Diner, de Broadway con la calle 51. Huevos fritos, pan, patatas, bacon, café y zumo. Todo por 19 dólares más propina. No está nada mal tampoco darse, entre tienda y tienda, un descanso acompañado de un típico Bagel en The Grey Dog, en el Soho, por donde anda también el romántico Balthazar, para la hora del brunch.

Volverse de Nueva York sin probar una genuina hamburguesa es pecado de lesa gastronomía, así que elijo la original de Five Napkin Burger, con queso especial y salsa, en Midtown, cerca de Times Square, en el oeste de Manhattan. Si la cosa se pone italiana, que no falte una pizza, por ejemplo, en John´s Pizza, en el 278 de Bleecker Street. Redondearemos la cosa acudiendo a un restaurante de verdadera cocina americana moderna, el Mercer Kitchen, cuyo chef Jean-Georges Vongeritchen, consigue unos platos deliciosos y, además, un sitio elegante y romántico.

Todas las discusiones que tenemos porque tú llegas tarde, no te gusta ir de compras y te quejas continuamente del calor o del frío, podemos solventarlas allí, en Stone Street, en Lower Manhattan, tomando un cóctel en Undergof, de esos especiales, que en ningún sitio más se pueden probar.