sábado, 25 de febrero de 2017

En ti, la primavera



(Anita L. B. ) 

En ti, la primavera, la promesa de un aire que entrará en tu jardín. Allí serán las flores. Amapolas, jacintos, nomeolvides, geranios. Las plantas aromáticas, el olor de los sueños alcanzados, la espera. Allí será la dicha y allí vivirá todo. Y la esperanza crece cuando miras y la mirada crece ante los otros y somos lo que queda, lo que vive a la par que otros ojos que nunca reaparecen. 

Vivirás otros sueños. Soplarán tempestades. Habrá silencios nuevos que tú tendrás que oír. Pero no importarán si ese tránsito a la vida desde una adolescencia que se escapa tú sigues como ahora, sonriendo a los momentos, transida la mirada de una llama que nosotros perdimos y que en ti resplandece. 

Sueña con las razones que ahora tienes y degusta el sabor de lo que encuentras y no dejes de lado nada que pueda darte compasión o emociones. Que el corazón te vibre en las distancias, que en lo cercano todo te conmueva. Que escribas con palabras de luz y nunca sobre ti la oscuridad se cierna. Así, tu sonrisa de ahora, tu mirada de niña que se acerca a mujer, será tan limpia como los deseos que atraviesan el alma de quien quiere que su corazón brille sin cristales, sin aristas, sin miedos. Construyendo la vida. 

martes, 3 de enero de 2017

Por qué ellas hablan de amor y ellos de sexo


("Encadenados". Cary Grant e Ingrid Bergman)

Lo leí hace poco en una de esas gacetillas de prensa de las que nunca recuerdo su origen ni su autor. Los hombres no están acostumbrados a verbalizar sus emociones más íntimas así que el amor es un tema fuera de su target. Puestos a confraternizar con los iguales, prefieren hablar de sexo, algo en lo que hay verdaderos expertos, no en hacerlo sino en contarlo. Hay un tipo de hombre muy ostentoso que refiere sus aventuras como si fueran muescas del revólver. Otros son más discretos. Pero, sin entrar en detalles o dar cuenta de nombres concretos, es verdad que el tema del sexo aparece con frecuencia en sus conversaciones. Saben lo que les gusta, cómo les gusta, de qué van las señoras en este aspecto y otras miles de quisquillosas y detallistas confidencias. Ellos hablan de sexo con naturalidad con otros hombres, incluso a veces con amigas del alma. Entre paréntesis, nada más molesto que el rol de amiga del alma. Acabas sintiéndote la hermana San Sulpicio. O San Suplicio. Pero ese es otro tema. 


(Ryan O`Neal y Ali McGraw se besan en "Love Story") 

Por el contrario, las mujeres, que tenemos fama sobrada de hablar mucho de todo lo nuestro, apenas lo hacemos de sexo. Ese es un tema que no comentamos ni con nosotras mismas. Sí. Es la realidad. Sublimamos todo aquello que conduce al placer físico y lo contaminamos con estrellitas de colores, sinfonías de pasión y otras hierbas aromáticas que lo convierten, al final, en la expresión del sentimiento y no en la explosión del deseo. La palabra "deseo" es para nosotros sinónimo de fragancia que se vende en tarro muy pequeño y que no está al alcance de todas. Sin embargo, contarnos, comentar, nuestras emociones, amoríos contrariados, ímpetus amorosos, enamoramientos varios y desamores, eso sí es lo nuestro. Lo que nos mola. 


(En la escena final de "Desayuno con diamantes" Audrey Hepburn y George Peppard se empapan de besos) 

Cualquier cuita de amor se desmenuza con todo detalle en las reuniones de amigas o en esos encuentros una a una que tanto nos gustan a las mujeres. Quizá se deslice alguna pequeña cuestión relacionada con nuestra vida sexual, pero será a modo de broma o chascarrillo. Desde luego, sin entrar a fondo y sin que eso ocupe la conversación. Lo otro sí. No nos hace caso, no nos llama, nos engaña, nos manipula, toda esa parafernalia que tiene que ver con las relaciones con los hombres son un elemento de primera mano en nuestras charlas. Verbalizar los problemas nos ayuda a pensar porque siempre hay alguna amiga lúcida que arroja un chorro de luz. En cambio, los hombres se guardan sus sinsabores y dudas, si es que los tienen. Porque, la mayoría de las veces, no les dan demasiado importancia y cargan con ellos con un analfabetismo emocional que da pena ver. 

viernes, 9 de diciembre de 2016

Chicas brillantes

Es lo que tienen las luces de navidad. En cuanto pones el árbol ya te ves inmersa en cualquiera de sus fiestas. El caso es brillar. Brillan las bolas de navidad y los adornos. Brillan los ojos de las chicas. Brillan los vestidos y las blusas. Brillan los pendientes. Brillan los sonidos. Brillan los abrazos. Brillan los recuerdos. Brilla el paso de las horas. 


La primera chica brillante (shining girl) de esta noche lleva una minifalda negra de sabe Dios qué marca, con un jersey gris azulado de cuello de cisne que a ella le sienta muy bien. Fijaros que usa zapatos de ante, de puntera fina y tacón stiletto y unas súper medias monísimas, llenas de estrellas, a juego con la decoración. Por supuesto, uñas negras y larga melena lacia sin más adornos. 


La segunda chica brillante hace honor a este apelativo con un jersey semitransparente, colocado sobre un top, que lleva un enorme corazón plateado delante. Lo ha colocado sobre una minifalda de vértigo, también en tonos grises, con pequeños volantines. Las medias, grises, le dan un aire de total look al conjunto. Solo destaca sobre el gris el tono rojo oscuro de las uñas. Y su bonita sonrisa, también roja. 


La tercera shining girl, a la que ya conocemos porque juega al golf, va totalmente de negro. Camisa de seda con escote mao, abierto, lo que le da un aire muy italiano. Pantalón negro ajustado y zapatos negros. El detalle está en los pequeños botones nacarados de puños y de bolsillos, que rompen un poco el tono oscuro del atuendo. Y, por supuesto, en el meneo de pelo, marca de la casa, que ella se marca cada vez que ve una cámara delante. 


Para finalizar este improvisado desfile de chicas que brillan por sí solas, aquí tenemos a las dos últimas. La primera de ellas, a la izquierda, luce pantalón beige, de una caída muy agradable, que ajusta las formas y las estiliza, además de una bonita blusa negra con generoso escote, adornado por collar de perlas con detalle de flor a juego. Un conjunto de pulseras acompaña el atuendo, dándole un aire más alegre, menos formal. 

Su compañera de la derecha, lleva minifalda floreada con toques de brillo suave, medias oscuras y tupidas, así como un bonito jersey negro con aplicaciones doradas, que no podemos ver con detalle porque no sabemos a santo de qué se ha plantado el chaquetón y el foulard, antes de tiempo y antes de que acabara la sesión de fotos. Pero están muy monas las dos. 



domingo, 27 de noviembre de 2016

Cultivar la alegría


(Para Paco y Mary: ellos son Navidad)

Hay gente que ha decidido vivir la alegría. Que, como esas casas navideñas de las películas americanas, decoran cada momento con lo mejor que tienen. Existen penas, pero se guardan cuidadosamente. Existen lágrimas, pero se lloran en soledad. Existen miedos, pero se congelan en un lugar del Ártico, sin posibilidad de asomarse sin aviso. 

A cada instante, toman la decisión de elegir el momento más divertido, el abrazo más amigable, la voz más cálida, el sonido más lleno de voluntades abiertas. Son gente de luz, cuyo brillo no se oculta por la evidente efervescencia de los días de fiesta, sino que resplandece en ellos y transmiten esa sensación única de sentirse parte de la vida. 

Así las horas pasan en un vértigo de emociones que terminan alojándose en esa esquina del corazón en la que permanece lo que nunca pasa de moda, ni se pierde, ni se marchita. Hojas secas y árboles florecidos; paisajes de reminiscencias lunares y desiertos nevados, con el sol dorando los amaneceres. Huellas de momentos que cada uno guardará en el sitio reservado a lo que nunca se olvida. Así es esta gente y así se ofrecen a los demás en un rito continuo de cariño, amistad y afán generoso de compartir las gotas de agua transparente que la vida lanza en cada paso. 

martes, 1 de noviembre de 2016

Atrapada en la Red


Las chicas de "Sexo en Nueva York" no solamente abren la puerta de las confesiones acerca de qué y cuáles son esos tipos que las vuelven locas, sino que escriben en retales de colores las tendencias, elevan las marcas al olimpo de los deseos y taconean con agilidad sobre el suelo duro y pegajoso de la ciudad más cool del mundo. Las vemos y tenemos la sensación de que algo nos falta y de que ese algo es imprescindible. 


El Kelly de Hermés rojo con el que sueñas cuando te remontas a esos deseos antiguos de pisar alfombras por doquier se transforma en un más clásico Prada, color hielo, absolutamente dispuesto para ser liquidado en un momento si su dueña no obtiene la satisfacción que las mujeres modernas necesitamos para seguir pisando fuerte en un mundo que, no nos engañemos, continúa siendo el paraíso de los hombres. Ellos, más viejos, más cansados, más diletantes, más absurdos, más inservibles, siguen capitaneando la búsqueda del santo grial de la emoción y nos obligan a nosotras a mostrarnos en la cúspide de la edad juvenil, como si el tiempo no pasara y el bótox fuera vitamina C. 


Alguien dejó dicho hace ya bastantes años que bastaba con recorrer a buena hora Rodeo Drive y sus tiendas exclusivas, bien provista de una tarjeta de crédito que un tipo guapo y con aires de intelectual "he estudiado todo" y "no sé hacer nada, sólo ganar dinero", entrega sin reservas para hacernos pensar que todo era posible, que los cuentos de hadas tenían visos de convertirse en realidad, simplemente esperando que su automóvil último modelo, gris metalizado, se parara por casualidad delante de ti, una de esas noches en las que lo deseas todo, sin explicarte el motivo. 


El precedente del deseo femenino de ser otra persona, de ser alguien, de no aparecer como invisible en los ojos del tiempo, de atrapar las miradas, de sentir que una es todo lo que se puede ser, es aún más antiguo y se refleja en el cristal donde, sin apenas descanso, entre un vaso de café de plástico y un croissant que acaba cayendo en el estómago como un obús, se muestran los artilugios del poder y el dinero: los diamantes, esos que son para siempre aunque no para todas. 

Hay sueños que distraen los sentidos y que te envuelven en una nube de sentimentalismo absurdo. Empiezas pensando que las alfombras rojas están a tu alcance y ahí se pierde todo. Contemplas a cualquiera de estas diosas y ya no remontas. Mejor revolver en la Red, te lo aseguro. Allí encontrarás el modo de compensar tu día malhumorado, el estallido cruel de las hormonas y, casi, el olvido sistemático de quienes deberían rendirse a tus pies. Comprar por Internet es ahora el espejo en que nos miramos las mujeres del tiempo de las hadas. No queremos ser brujas.



sábado, 29 de octubre de 2016

Almudena, que juega al golf

Una vez me compré unos pantalones en un mercadillo. El señor que los vendía me hizo probármelos en su furgoneta. Era muy divertido aunque la cosa no era demasiado cómoda. Creo que alguien, una amiga de entonces quizá, se quedó al pie de la puerta por si a alguien le daba por entrar a probarse algo o a sabe Dios qué. Pero todo transcurrió sin incidentes y todavía anda por ahí el pantalón. 

Comprar low cost es algo que nos llena de satisfacción. Tener una prenda que nos guste por unos pocos euros hace que las amantes de la moda y de las tiendas nos sintamos libres, por una vez, del complejo de culpa que supone gastarse un pastón en algo que no era preciso tener. Así, Almudena, ya sabéis, que juega al golf, ha encontrado esta favorecedora chaqueta estilo chanel, en uno de esos mercadillos que tienen furgonetas como probadores. 

La furgoneta es la versión más cool de las compras proletarias y probarse en una de ellas debería ser experiencia obligada de todas las compradoras avezadas. Como Almudena juega al golf, ya lo he dicho, que es un deporte que imprime carácter, no tiene ningún reparo en utilizar estos sistemas que en nada recuerdan a un paseo mañanero por la Milla de Oro en compañía de un tipo adinerado que suelte la guita mientras las damas nos deleitamos con Zadig & Voltaire, por ejemplo. Si eres una jugadora de golf y vas la quinta en la clasificación de un torneo social, y estás a puntito de ganarte un televisor, anda que te va a preocupar mucho que el probador tenga ruedas, que la chaqueta esté cosida en Taiwan o que la etiqueta te avise de que puede deshilacharse a poco que la laves en frío. 

Almudena tiene una sonrisa a prueba de esquiroles, así que muestra su chaqueta con donosura y se ríe marca de la casa, ignorando los comentarios sarcásticos de las amigas que, envidiosas ellas, se obstinan en criticar su chaqueta nueva con esa forma tan especial que tienen las mujeres de echar por tierra cualquier sueño ajeno. Ella podría ser un personaje de alguna de las autoras que amo. De Edna O´Brien y sus chicas de campo; de Ellen Glasgow con su vida resguardada; de Lucia Berlin y su mirada especial sobre las cosas; de Welty o de Taylor, quién sabe si de la propia Jane, trasladada al siglo XIX.

Inasequible al desaliento, a este y a todos los que en el mundo son, Almudena se coloca su chaqueta de furgoneta del mercadillo de tres al cuarto de sabe Dios qué rincón del mundo plagado de sol y sal de la bahía y anda tan orgullosa y satisfecha que dan ganas de preguntarle no dónde la ha comprado, sino de dónde nace el secreto de su arrebatadora sonrisa. 

Fotografía: Almudena Rubio, en exclusiva para "El roperito de Cathy"

jueves, 20 de octubre de 2016

Secretos de alguna clase de belleza


Hay una serie de secretos de belleza que quiero compartir con vosotras, amigas. Los he hallado en multitud de páginas especializadas y en otras más frikis. A ver qué os parecen. Se trata de estar lo más bella posible (ya sabéis para qué....):

*Dormir mucho
*Beber mucha agua
*Andar por entornos hermosos
*No tenerle manía a nadie
*Ser feliz
*Hacer el amor a menudo y hacerlo bien
*Darse algún capricho

Según las gurús de la moda y la salud con estas siete sencillas y asequibles recomendaciones vamos a conseguir el don de la belleza eterna, todos los albañiles de las obras se volverán para piropearnos y nuestro chico estará tan rendido a esos encantos que no se le ocurrirá mirar a otra ni de lejos.

Ya sé qué vais a decirme: ¿dónde se quedan las cremas, los ácidos hialurónicos, el bótox, el entrenador personal, las máquinas de Pilates, los pilings químicos, los hilos de oro, las ampollas flash, las dietas con o sin alcachofas, los masajes, las lipos, los abdominales...?


Eso digo yo, dónde se queda todo eso. Pues ni idea. Tampoco alcanzo a entender qué clase de "caprichito" es el que está permitido. Ni por qué algunas señoras manifiestamente envidiosas, es decir, que incumplen la regla número cuatro, lucen tan esplendorosas a pesar de haber cumplido ya unos añitos y otros pocos más. Misterios de la ciencia que habrán de dilucidar los sabios venideros. 

En cuanto a las reglas en sí mismas, bien podríamos hacernos algunas preguntas para intentar aclararlas lo más posible. ¿Agua mineral? ¿De qué marca? ¿En qué postura debemos dormir mucho? ¿Cuánto es ese mucho? ¿Qué se considera un entorno hermoso? Porque si a mí me tienes andando mogollón de kilómetros sin ver un solo escaparate....no sé pero quizá me haga el harakiri controlado. 

Otra cosa. ¿Ser feliz mucho rato o ser feliz siempre o ser feliz tontamente o qué? ¿Tenemos que darnos a los demás, desprendernos de lo material, esto es, seguir el ejemplo del hombre feliz que no tenía camisa? Y, si no le tengo manía a nadie ¿qué hago con la gente que me cae mal, mal, horrorosamente mal, del todo, del todo? ¿Soy santa o qué? 

Y por último, no me vengáis con que hay que hacer el amor. Eso ya lo sabemos. La cuestión está en que las románticas tenemos tendencia a elegir con cuidado con quién, cuándo, dónde y, sobre todo por qué. Es lo que tiene. 


(Ilustraciones: Kim Basinger, por supuesto, mi ideal de mujer guapa. Si yo no fuera la extremadamente atractiva mujer que soy...querría ser como ella) 

domingo, 16 de octubre de 2016

Esas botas son para caminar

En 1966 el sello discográfico Represe Records lanzó el que sería un éxito inesperado. Era "These Boots Are Made for Walkin" y lo cantaba Nancy Sinatra. 

Nancy Sinatra (Nueva Jersey, 1940) era hija de Frank Sinatra y de Nancy Barbato. Daba la impresión de ser una niña normalita dentro del ambiente escasamente normal en el que vivían Sinatra y su clan, hasta que se mudaron todos a Toluca Lake en California. Nadie que viva en Toluca Lake puede dejar de estudiar baile, cante y canto, todo a la vez. 

Esto hizo la pequeña Nancy, rubia y con escaso parecido físico con su famoso papá, y de ahí, tras varios intentos, el súper éxito del que hablamos. No sé si antes de eso las botas estaban de moda entre las mujeres, pero desde que sonó la cancioncita no se han bajado del top del calzado más utilizado. Sean las botas como sean, camperas, elegantes, botines, altas, bajas, con plataforma, de media caña, las botas son un elemento imprescindible en la parte del guardarropa femenino donde su guardan los zapatos. 

La versatilidad es su mayor característica. Pueden usarse para toda ocasión, incluso para las más glamurosas, y tienen la ventaja de cuadrar tanto con faldas como con pantalones. 

En mi historia personal las botas han tenido y tienen un protagonismo muy especial. Tenía yo, por ejemplo, unas botas de rafia amarilla que me ponía para ir a bailar junto con un minivestido naranja de punto. Causaba sensación. Luego hubo otras azules, de esas que parecen hippies porque llevan adornos de colores, que usaba con un vestido geométrico de escote de barco, increíblemente sexy. Ni que decir tiene que ahora andan por aquí botines rojos, marrones y negros. Botas altas, botas con puntera de charol, botas parecidas a las que se usan para montar a caballo y que se llevan con los vestidos ochenteros, en fin, botas, botas, botas. 

La chica de la imagen, sorprendida mientras se prueba las botas altas, por encima de la rodilla, en el dormitorio de sus padres, tiene el buen acierto de combinarlas con un vestido corto negro de aire militar, con botones plateados en las mangas, largas. Sin resultar excesivamente atrevido, el hecho de que se acompañe con medias al tono y no con medias negras le da un toque muy delicado que aporta feminidad al conjunto. Si os fijáis en el tacón, ni es excesivamente alto ni fino ni lleva plataforma. Los tacones cuadrados, de nueve centímetros como este, son tendencia esta temporada. Estas botas altas tienen la ventaja de adaptarse muy bien a la pierna pues tienen un tejido casi elástico. 

Gema Guerrero para "El roperito de Cathy" en exclusiva. 

domingo, 28 de agosto de 2016

Mis básicos para el otoño-invierno de 2016

Aunque te cueste imaginarlo, el calor pasará y llegará ese momento feliz en el que la temperatura te va a permitir vestir de otoño. El otoño es una estación magnífica, llena de elegancia y de glamour. Nada de sudar, nada de caras brillantes, ni de pelos recogidos con pinzas, ni de ir a medio vestir. No. Todo lo contrario. Así que yo ya he preparado, o casi, mis básicos para esta temporada y te los cuento porque el que avisa (la que avisa) no es traidor (ni traidora). Si no los buscas ahora corres el riesgo de no hallarlos. Así es la moda. Ipso facto. Que significa: toma el dinero y corre. Y paga. En la caja de la tienda o en el monedero de Internet. 



Un vestido color mostaza. El mostaza es un color engañoso. Crees que no le sienta bien a nadie. Y es falso. Se acopla de maravilla con cualquier tono de tez y es súper combinable. En este caso el vestido mostaza te va a hacer lucir como una mujer soñadora, libre y muy limpia de tonterías. 

Un abrigo blanco. Sí. El blanco en invierno es una tentación y un atrevimiento. Pero hay que atreverse. Te recomiendo uno de esos envolventes, por encima de la rodilla, hecho de algodón o similar, que lo mismo te sirve para ir con jeans que con una ropa más ad hoc. 


Una cazadora de piel azul petróleo. El azul es el color de este invierno. Y en la piel queda finísimo, muy especial, diferente. Estamos acostumbrados a los clásicos rojo, negro, en cazadoras. Pues en esta ocasión atrévete con el azul. Te irá bien con todo. 


Un anorak rojo coral. El anorak, mejor fino y corto, es una prenda otoñal por excelencia. A mí me gustan suaves, que se puedan llevar en la mano sin que pesen y que no te dé miedo quitártelo y dejarlo en cualquier sitio. El rojo siempre es moda, recuérdalo. También en esta temporada. 

Una camiseta gris. El gris es un color intemporal. Serio y formal, si lo usas en una camiseta se convertirá en un casual fantástico. Las camisetas de medio largo, oversize o ceñidas, con letreros o lisas, pero siempre de fondo gris, son encantadoras. También recomendables esas de tirantes de encaje para llevar debajo de las blusas. El encaje gris es lo más. 

Una camisa blanca. Lisa o con algún adorno. Este año se llevan los lunares, las estrellitas y las motas en tono negro sobre blanco. La camisa blanca, y no solo porque lo haya dictado Carolina Herrera, es la prensa más favorecedora que existe. 


Unos zapatos de color rosa empolvado. Mejor cerrados, con cordones, con media altura de tacón. Ideales para vestidos y para pantalones. Deliciosamente retros. Modernísimos. Me encantan. Tirando más a nude o a rosa maquillaje, eso da igual. 

Unas snaikers de tonos vivos. Las zapatillas de deportes están en alza desde hace un par de temporadas. Las lisas quedan bien, pero las de colores realzan cualquier vestimenta. En blanco y negro son muy chic. Las blancas son intemporales. Las hay metalizadas. No solo con vaqueros o pitillos, oye, también con faldas estrechas y vestidos. 

Un vaquero de cualquier tono. Para qué explicar que el pantalón vaquero es la prenda más moderna, clásica, magnífica, acoplable y todo lo que se diga es poco de nuestro armario?????? No hace falta dar datos, lo sabes, lo sabemos. 

sábado, 27 de agosto de 2016

Día de chicas


(Claire Bridge. Pintura)

Da igual como se llamen. Los nombres no significan nada. Lo que importa es ese sabor especial de las horas compartidas en las que ellas y tú entráis en el territorio aéreo de la amistad femenina. Las mujeres tienen mala prensa como amigas pero, cada vez más, llegas a entender que hay que separar el grano de la paja y que puedes desbrozar un campo plagado de amargos amarillos y hallar allí unas humildes amapolas como las de Monet. Ese campo surtido de rojo y verde prado en el que Cocó Chanel buscó la inspiración para sus tailleurs. 

Las tiendas son una excusa y recorrerlas un ejercicio acrobático, una coreografía de natación sincronizada, sin agua, sin piernas que pululan, sin horrendos uniformes chinos a base de colores duros. Bah. Es mucho mejor esto. Tiene más sabor y se escribe en letras cursivas. Las madres hablan con letras cursivas para que las hijas no descifren demasiado pronto los secretos de los desengaños amorosos. Las amigas se muestran entre sí llenas de esas cursivas irrenunciables. Todas guardan dolores de amor y todas tienen la misma sensación de que hay algo que se les escapa. 

Las mujeres de tu calle se juntaban para tomar café y para compartir la desilusión por el hombre ausente. Las amigas y tú volvéis a revivir ese rito de la complicidad en el que hay puertas cerradas y ventanas abiertas. Ni aun en los momentos más íntimos saldrán a la luz las verdaderas razones. No confesarás que lloras a veces sin motivo o con ellos. Ni que hay una especie de punzada antigua que reverdece y no se marcha. Pero hablaréis de colores. Sí. Este año de grises, mostazas, rosas empolvados, rojos prietos y ese azul, azul, azul, del cielo de Michaux. Tu t’en vas sans moi, ma vie./Tu roules./Et moi j’attends encore de faire un pas./

Hablaréis de tallas. Cada una de vosotras querrá ser diferente a cómo es. Y en el fondo, estará pensando en un "él" que en ese momento tomará displicente el vermut, con dos aceitunas y un cigarrillo en la mano. O el móvil, buscando un mensaje que no es el vuestro. O el periódico, hojeando los resultados del partido. Bah. Es mucho mejor esto. Sentarse en una esquina y beberse la risa que entre todas facturáis al por mayor cada día. 

Da igual como se llamen. Importa solo el brillo de los ojos que ningún "él" reconocerá porque no puede verlo. Importa solo el gesto de las manos, la curva graciosa de los pies al probarse ese zapato que tiene el reverso del color del granate. Importa solo el mohín de los labios, con ese rouge que los "él" que existen por el mundo no les gusta besar. Importa solo ese instante feliz, entre todas las cosas, revuelo de tejidos, inmenso escaparate, en que las horas pasan sin esperas, sin nada más que esto, una pequeña parte de un pastel hecho de la dulzura de la vida. 


viernes, 19 de agosto de 2016

La lista de los deseos


Entras en una de esas páginas web que venden libros y películas y aparece una llamada para que escribas la lista de tus deseos. Entonces pienso en mi propia lista, la que tengo siempre en la cabeza. Es una lista cuya cúspide siempre ocupa el deseo más deseado, lo lógico, lo que todos queremos tener para poder sobrevivir. Y vivir, claro está. Luego están otros deseos que tienen que ver con tu familia, ya sabes. Y, en un rinconcito de esos deseos, hay un deseo inconfesable. Un deseo que te da un poco de vergüenza pedir. Porque a mí me enseñaron que no se debe pedir nada más que lo imprescindible. Y el amor no debe serlo porque, si lo fuera, las estadísticas de pobreza serían mucho más dramáticas. 

Así que ese deseo oculto, insatisfecho, ese deseo innombrable, ese deseo que se esconde hasta a los santos a los que rezas, es una especie de fantasma, algo que te ronda, pero que no ve la luz; algo que existe solo para ti. Solo para sus ojos como rezan los papeles de los espías. Como decía Bond, James Bond. Ese deseo, ay, lo he pedido en los últimos tiempos todos los días varias veces. Mañana, tarde, noche y madrugada, como suena la copla. Pero no se ha cumplido. Y ya no va a cumplirse. Es más. Ya no voy a pedirlo más. Porque se ha revelado un deseo basado en una premisa falsa. Yo no soy filósofa pero casi. Y la intuición me dice que Sócrates me aconsejaría mandar ese deseo al fondo del mar, en una botella, dentro de un mensaje en el que, en lugar de aparecer "Te quiero", diga "Adiós". 

Siempre hago caso a los que saben más que yo. Y no me gusta hacer el ridículo, sobre todo si no me dan un Oscar o un Planeta. 

jueves, 28 de julio de 2016

Inspírate: La moda en el otoño/invierno de 2016/2017


En la New York Fashion Week Carolina Herrera presentó esta versión de su famosa camisa blanca, aquí combinada con detalles en negro y acompañada de una falda midi, de campana y con motivos de estrellas. Sublime. También en esa cita del glamour estuvo Tommy Hilfiger, que apuesta por el tul y los dorados; Zac Posen, con abrigos, capas, bordados y flores; Vera Wang, presentando transparencias y terciopelos; Oscar de la Renta, de rojo y Michael Kors, con faldas y vestidos de gran volumen. 


Antes de eso se había celebrado en nuestro continente la París Fashion Week. En los desfiles aparecían ya los colores de moda que Pantone ha consagrado para la temporada: El azul riverside, el azul air, el gris neutro, el rojo airosa, el rosa empolvado, el verde prado, el mostaza, el naranja arcilla y el púrpura. 

También los estilos se han definido con suficiente tiempo como para que todo el mundo pueda imaginar cómo sería vestirse con ellos: aparece el estilo retro-futurista que recuerda los años sesenta, el toque inglés inevitable, el minimal neoyorkino fundamental. Como apuestas personales de los creadores podemos añadir alguna cosa más en cuestión de tendencias:

Las flores, que aparecen con profusión en Cacharel, Alberta Ferretti, Gucci o Del Pozo. El minimal ya citado, en Courréges o Schelesser. El stoned, piedras y minerales tratadas al modo print que presentan, entre otros, Yamamoto o Vionnet. El motiv (geometrismos y mosaicos) de Miu Miu, Balenciaga y Kitsune. 

Chanel, remodela su estilo aunque conservando su esencia y desfila, sobre todo, en rosa y azul. 


Me ha encantado, por su parte, Paule Ka, a base de diseños estructurados, lisos y geométricos.


Otro día hablaremos de Zara, Mango, H$M, Stradivarius, Lefties, Amichi y demás. Ahora podemos permitirnos el lujo de soñar.