jueves, 17 de septiembre de 2015

Las fashion victim también leen

Aunque te parezca raro existe un prejuicio social según el cual se te gustan la moda, los trapitos y los cotilleos, no puedes ser una aceptable lectora ni, mucho menos, tener la cabeza medianamente amueblada. Podéis creerme. Es una discusión que, de tanto en tanto, acometo. Mis discutidores me echan en cara que me guste comprar cosas bonitas, que ame la ropa, los perfumes o las joyas, incluso que sea una absoluta forofa de algunas marcas. Cuando conocen esa faceta de mí me tachan inmediatamente de frívola y así ya no tengo remedio, no hay solución ni perdón. Me condenan ipso facto. Si a esto le añades que veo cierto programa cotilla de la tele y que me apasiona el flamenco (considerado todavía por algunos como el lumpen musical), pues la hemos jodido del todo. 

Soy un bicho raro, una friki, alguien en quien no se puede confiar. No tengo sensibilidad, ni sentido, ni orgullo, ni prejuicio. Soy una especie de híbrido incomprensible, nada claro y, por lo tanto, muy especial. Dicho en el mal sentido. 

Cuando alguien se forma una mala opinión de ti la cosa tiene poco arreglo. Estás hablando de los libros que te gustan y sueltas un título, al parecer, intrascendente, y vas directamente a arder en el infierno. La cosa se pone peor cuando no pueden clasificarte. Porque nuestra manía clasificatoria hace que estabulemos a todo el personal sin reparo alguno. Por aquí, los listos. Por allá, los torpes. Guapos y feos. Buenos y malos. Intelectuales y ceporros. Y así un larguísimo etcétera que no tengo tiempo ni ganas de resumir. Un asco, vamos. 

Cuando se es muy joven puede uno correr el peligro de querer asimilarse al grupo porque esa es una forma de que te incluyan, de que no te sientas fuera, una extraña en tierra de nadie. Pero confieso que, ni aún entonces, en esos años pandilleros, tuve la suficiente capacidad para disimular lo que me gustaba. Ya defendía mis afectos con pasión y mis aficiones con devoción y por eso me he acostumbrado a no cuadrar con ningún estereotipo. Los que me quieren dicen que soy especial. Y los que no me quieren....pufff, esos no me importan lo más mínimo. 

Este libro, pues, viene al pelo de lo que os cuento y de lo que cuento en este blog. Porque habla de la pasión por la moda. Habla de una ciudad que me encanta, Nueva York y habla de dos mujeres que, viviendo cada una de ellas en la punta del siglo, distantes y distintas, tienen en común eso, los trapos, las telas, el diseño, el gusto por el vestir. Olive y Amanda luchan por lo que desean. Y eso les envidio, claro está. Luchar por lo que uno quiere, con los objetivos claros, con la mirada puesta en conseguirlos. Dentro de la historia está, también, un diario personal, esa clase de objeto o de dedicación que conozco también, porque lo he llevado durante toda mi vida. El diario, tu amigo, ese que recoge lo que eres, sin disimulos, sin tener que ocultarte, sin tener que mentirte. 

Si lees este libro y te pareces a mí en los afectos y los gustos, conciliarás dos pasiones, la moda y la lectura. No es poca cosa, desde luego. Una bonita idea. Un lindo resultado. Ea. ¿Quién dijo que las fashion victim no son lectoras? 

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