viernes, 7 de agosto de 2015

Parejas de cine


"Hacéis una pareja de cine"....Si alguien te dedica esa frase está diciendo que luces de gloria con tu chico, que sois tal para cual y que dais envidia a las comadres que se dedican al cotilleo. Es una frase al uso pero que indica muchas cosas. 

Parejas de cine eran, sin embargo, Doris Day y Rock Hudson. Ella lucía espectaculares conjuntos y magníficas cocinas americanas, que todos hemos copiados en Europa, excepto los franceses, que son muy suyos y que continúan con ese estilo de cocina a trozos, oliendo a quesos fuertes y llenas de recipientes de cristal y estantes de madera, imposibles de mantener limpios de polvo. Esto último preocupa poco a los franceses, lo sé por experiencia. 

Otra pareja de cine era Clark Gable y Vivien Leigh. Después de mil peripecias, incluyendo tener que hacerse un vestido y un tocado con las telas de una horrorosa cocina verde, llena de pompones y de madroños, al final salen tarifando y diciéndose frases que, aunque han pasado a la historia, romperían el corazón de cualquiera de nosotras. "Francamente, querida, me importa un bledo". Aunque ella intentó resarcirse con eso de "Mañana será otro día", la diferencia entre una frase y otra es abismal. No hay color, vamos. 

Pareja de cine fueron Ingrid Bergman y Humphrey Bogart en la famosísima "Casablanca", no confundir con "Una noche en Casablanca" en la que los dúos eran de cuatro, al igual que los cuartetos en el Carnaval de Cádiz, pueden ser de cuatro, de tres o de uno, llegado el caso. Ya sabéis lo que pienso de Bogart, ese galán sobrevalorado que te mira por encima del hombro, que silba a las mujeres y que va de chulito. Con la Bergman tuvo poquísimo que hacer, nada más que hay que observar la cara de aburrimiento que pone ella cada vez que él le suelta uno de sus discursos penosos y llenos de lugares comunes, en los que va de víctima. Al final lo planta: anda y quédate con el policía...

Otra pareja de cine muy aclamada fue la formada por Richard Gere y Julia Roberts. Bien es verdad que, antes de eso, el Gere había iniciado su carrera amatoria dándole la vara a Debra Wingers, vestido de guardiamarina, pero sin estar navegando en el Juan Sebastián Elcano, sino a las órdenes de uno de esos sargentos negros con mala leche que están todo el tiempo pidiendo que repitas la misma cantinela: Señor, si señor. Y así, etcéteramente hablando. 

Por supuesto, no podemos olvidar la parejísima que formaron Paul Newman y Elizabeth Taylor, cuando ella era una gata y él un latente homosexual, enamorado de su amigo y haciendo el paripé con la pobre muchacha porque, claro, quién se atreve a salir del armario en ese sur profundísimo. Por mucha combinación de encaje subversivo que ella gastara, la cosa era inútil. Todo para nada, que diría el sabio. Gasto de energía lujuriosa, gasto de caída de hombros y de pestañas. Rímel a la basura. 

Una pareja que me encanta es la de Tom Hanks y Meg Ryan. Todo ello antes del diluvio. Antes de que Tom Hanks, después del naufragio se hartara de comer hamburguesas dobles acompañadas de mostaza picante y pepinillos y, sobre todo, antes de que la buena de Meg se lanzara al proceloso mundo de las acometidas estéticas, convirtiéndose primero en su hija, luego en su nieta, y más tarde, en el embrión de su bisnieta. 

Terminaría citando una pareja con clase. La que forman Nicholas Cage y Bridget Fonda en "Te puede pasar a ti". El chico Cage, dejando de lado sus inclinaciones asesinas, se convierte en un probo agente de la ley que se enamora de camarera, olvidando que tiene ya esposa y, para más inri, que es latina, chillona y peluquera. Las camareras de Hollywood tienen un tirón que para ellas lo quisieran las damas de la nobleza europea. Si yo tuviera que elegir profesión ahora, no lo dudaría, camarera de Hollywood para servirle mojitos a cualquiera de estos genios de la interpretación o nanny de los hijos de Gerard Butler. Esta última es mi vocación secreta. No lo contéis. 


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