sábado, 1 de agosto de 2015

Qué bien hueles...


Si quieres conquistarme, dime que huelo bien. El olor es el elemento de la persona que más me puede atraer o que más puedo rechazar. Oler bien, tener la sensación de limpieza, frescor y ese aroma indefinible que cada persona genera con su propio cuerpo unido a su perfume. 

Usar un perfume requiere saber si marida bien contigo. Es como los vinos. Tiene que adaptarse a tu forma de ser, a tu manera de vestir, a tu estilo, en suma. Reconocer tu perfume ha de ser un logro para ti. Y, si después de una cita, el chico te dice que hueles bien, entonces algo bueno ha ocurrido, algo has conseguido. Porque, ya lo sabes, hay olores que espantan. No hablamos, por supuesto, de temas higiénicos, sino de perfumes mal elegidos, de efluvios espantosos por exagerados o porque no pegan ni con cola. 

Contaré mi propia experiencia. Me gusta oler bien. Y he buscado mi perfume durante mucho tiempo. Así he ido probando varios, desde el clásico Chanel número 5, que en ocasiones todavía uso, pasando por Nina Ricci, Loewe, Dior, Giorgio, Carolina Herrera, Ángel Schlesser, incluso alguno más sofisticado y otros más sencillos. 

Después de probar muchos, lo encontré. Hallé el perfume que se une a mí misma para producir el efecto que quiero, suave pero firme, discreto pero presente, con clase pero con su punto coqueto y lleno de expectativas. Un perfume que habla por sí mismo, que se expresa, que pregunta, que contesta y que llama. 

Es ese que veis en la imagen, tanto en ese formato como en el del tarro oscuro. Lo curioso del caso es que ahora ya me cuesta cambiar y temo que los otros, que están a la mitad, en sus tarros tan bonitos y esplendorosos, van a quedarse así, salvo que los vaya gastando para ir al mercado. Y como al mercado no voy....A mí me gusta usar ese perfume todos los días. Igual que las barras de labios, todos los días perfume, todos los días carmín. 

No sé a vosotros, pero los olores me llevan a los sitios y a las personas. Recuerdo algunos especialmente y, a veces, cuando voy por la calle y me cruzo con alguien, huelo una determinada colonia y la imaginación me recuerda a alguien. Rememoro entonces los momentos vividos, la huella que esa persona dejó en mí, y me parece un milagro. El poder de evocación de un perfume o de un olor es magnífico, subyugante. 

No una, sino dos veces, alguien me dijo que olía muy bien últimamente. Llevaba mi perfume, mi Gucci. Así que tengo claro que he acertado. Y que es mi compañero inseparable para las noches de citas en las que el corazón se acelera. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario