viernes, 31 de julio de 2015

Consultorio sentimental



La señorita “Corazón solitario” escribe una carta a nuestro consultorio en estos términos:

“Querido Roperito: En primer lugar, felicidades por tu blog. Es muy chuli. Me encantan las fotos que pones. Tengo un problema. Por eso te escribo. A ver si me puedes ayudar, porque estoy desesperaíta del todo. 

¿Qué me pasa? Pues que me va a pasar. Un tío. Vamos, un hombre. Yo soy una mujer bastante aparente y atractiva. Todo el mundo me lo dice. Si voy por la calle, pues suelen decirme piropos. Y los amigos me comentan que estoy muy bien, que soy muy guapetona. En fin, que estoy acostumbrada a gustarle a los chicos. 

El problema que tengo es que me gusta “alguien” y ese “alguien” pasa de mi tres kilos y doscientos gramos. Tal como lo oyes. O mejor, tal como lo lees. Pasa de mí totalmente y se le nota tela. Esto me desconcierta y me deja sin autoestima. No entiendo mucho de psicología pero creo que lo de tener la autoestima baja es sentirse hecha una mierda. Ese es mi caso. Yo creía que era mona y que atraía a los hombres y ahora resulta que hay uno que me considera un poco más que la señal de tráfico de prohibido aparcar. 

Me dirás que pase de él. Que no le haga ni caso. Que él se lo pierde. Si. Todo eso ya lo sé. Pero es que se da una casualidad muy grande. Que el chaval me gusta. Es que me gusta, leche. Me gusta mogollón. Me encanta. Me súper encanta. Me pone a cien. Me tiene loquita. Me muero por sus huesos. 

Cuando lo veo (y lo veo mucho porque trabajamos en el mismo sitio) me dan ganas de tirarme para él y darle un mordisco. Tal que así. Me controlo, claro, no vaya a creerse que soy caníbal, pero qué trabajito me cuesta. Porque es que el tipo está muy bueno, de verdad, muy bueno y yo no soy de piedra. 

Me dirás que prepare un plan de conquista con todos sus avíos. Pero, alma de cántaro ¿crees que no lo he hecho ya? Ropa ajustada, escotitos, medias monísimas, maquillaje del bueno, peluquería y pelito arreglado, miradas insinuantes, conversaciones con segundas y terceras, movimientos de tacón (que mi trabajo me cuestan y mis dolores de espalda también), en fin, todo el arsenal del que una dispone en estos casos. 

Pero, que si quieres….nada, no hay nada que hacer. Este tipo se me resiste. No le gusto y yo voy a despedirme del mundo mundial y meterme a clarisa si no me das un consejo que cambie la cosa. 

Atentamente: Corazón solitario”

Querida “Corazón solitario”, queridísima amiga: Ay, qué poco conoces a los hombres y qué poquito que sabes de los procesos psicológicos y fisiológicos que gobiernan las reacciones humanas. Vamos, que estás más perdida que el barco del arroz. Por cierto ¿qué era eso del barco del arroz? Mira por donde me ha picado la curiosidad….tendré que mirarlo en el Internet. 

Bueno,  a lo que vamos. Estás sufriendo mucho, ya lo veo. Y tengo que ser sincera contigo. Porque de lo contrario se correrá la voz de que escribirle al “Roperito” es lo mismo que lavarle la cabeza a un tiñoso (es decir, que no sirve para nada) y eso no, mi prestigio tengo que conservarlo. 

¿Qué puedes hacer ante un tipo que pasa de ti, te ignora y no le gustas ni pizca? Muy sencillo: 

Nada. 

¿Cómo? dirás tú, compungida. ¿Nada? ¿Qué clase de consejo es este?
Pues, querida, un consejo la mar de sincero. No puedes hacer nada. Y te explicaré por qué. La amistad, como el amor, no son procesos físicos, ni actitudes ni voluntades. No es querer, no es poder, no es intentar. No, querida mía, son procesos químicos. ¿Qué quiere decir eso? Pues que sí son son, y si no son no son. 

Querer o gustar son actos independientes de la voluntad. Si al chico no le gustas, es que no le gustas. No es problema tuyo, ni suyo. Es que la química es una cosa volátil, que pulula por el éter y funciona o no funciona. Lo mismo da ser más guapa o más fea, la química surge o no surge. 

Por eso, debes estar tranquila. Aunque no eres una seguidora de Lao-Tsé, te puedes aplicar el principio de no-actividad. Es decir, si da lo mismo lo que hagas ¿para qué te vas a empeñar en ponerte en ridículo? 

No hay artificio amatorio posible cuando la química no flota. E, hija mía, es que aquí no hay química, no hay más que verlo. Al muchacho no le gustas. Puedes dedicarte a sufrir y a quejarte pero yo tiraría por otro lado. El remedio no está en lo que hagas con él, sino en lo que hagas contigo, es decir…..

Vive, vive tu vida, no pienses en gustarle, sino en gustarte. No pienses en que te mire, sino en que tú te veas. No pienses en que él existe, sino en que tú estás viva y la vida es única. Déjate de despecho, piensa que es inocente del pecado de no quererte. Simplemente, vive y déjalo vivir. 

Tarde o temprano, queridísima “Corazón”, el amor llegará a tu vida. Y si no llega, pues entonces date un caprichito. 

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